A las puertas de este infierno hay una semilla que defenderá el país y a su pueblo trabajador

Imagen de portada: Sembrador a la puesta del sol (1988), de Van Gogh

 

Estamos en medio de una trama que algunos actores, que han sido parte de la izquierda en Venezuela, de las luchas populares y del chavismo, vienen denunciando y hasta se le han opuesto. Se trata de una nefasta burocracia (mentirosa, manipuladora, tramposa, ladrona, mafiosa…) que se ha instalado en el poder gubernamental y que, de manera más reciente, ha puesto en evidencia un nuevo mecanismo promovido a través del TSJ, en el que se le da al presidente todo el poder de negociar cualquier trato con empresas transnacionales por encima de los marcos legales y del pueblo venezolano, pero que además, en nombre del socialismo, ofrece en remate el territorio para la explotación de sus recursos mientras aplasta al trabajador con un salario mísero. Al mismo tiempo, este gobierno se enfrenta a una masiva oposición dirigida por unas cúpulas igualmente nefastas que conforman la MUD, cuyos liderazgos, se centran en el objetivo de desplazar a la élite gubernamental chavista para volver a controlar los recursos en su antigua condición de “amos del valle”, y con tendencias en algunos casos hasta fascistas. Desde una concepción individualista, determinista y darwinista, estas cúpulas de la MUD no pondrán en cuestión jamás el sistema mismo de explotación ni los mecanismos de dominación que han sometido durante siglos al pueblo venezolano.

Esto quiere decir que como parte de una polarización política, los de la MUD rechazarán en absoluto cualquier conformación asamblearia, comunitaria o colectiva (socialista, comunista, comunal, cooperativista, etc.), incrementando en esta masa opositora signos de desprecio ante lo común, mientras que los más ortodoxos del otro polo, que defienden al gobierno y al Estado como lugar de lucha, hoy diferenciados de un chavismo que anteriormente utilizó mecanismos democráticos, en su desesperación por haber perdido la mayoría, se vienen imponiendo “como sea”, es decir de manera clientelar y hasta irracional. Es tan obvio que durante la semana de antesala a las elecciones del domingo para una Constituyente, repartieron por doquier cajas CLAP y beneficios.

Desde este teatro de operaciones, el gobierno de Maduro deja correr el escenario conflictivo, violento y, hasta criminal, que se desarrolla entre el choque de grupos y bandas cada vez más instigadas por la violencia reaccionaria y que estas cúpulas de la MUD aúpan ante escenarios de muerte, guardando un silencio casi absoluto sobre lo que evidentemente se ha venido gestando e incrementando como violencia bruta. A esto se le contrapone la otra manipulación emocional y mediática que desde el gobierno se ha activado para ocultar la crisis de la nación -en la que tiene responsabilidad- y para no dejar que emerja la rebelión esencial contra el Estado mafioso.

Esta absurda y criminal confrontación entre el mismo pueblo, incrementada desde estas cúpulas viene alimentada desde la confrontación de intereses mundiales a través de los cuales se disputa una territorialidad geo e híper abundante, en la que la población venezolana, polarizada, homogeneizada y lumpenizada por la estafa que estas cúpulas han promovido, pierde cada vez más su propiedad colectiva y hasta su propio país. Esta es la paradoja tiempo-espacio específico vivida desde hace décadas pero que termina de rematar el chavismo de la manera más infeliz, y con una recomposición borrosa dentro de este triángulo de intereses que implica en escena a actores internacionales y a las cúpulas que dominan la nación.  

Estamos hablando de un escenario particular o de la realidad de una sociedad que ha sido violentada desde su propio nacimiento y que sigue subsumida bajo la disputa interminable de élites que se han adueñado de este lugar del mundo a partir de su potencial riqueza “escondida” en su suelo y subsuelo. Hoy además, estamos en un momento de confrontación que no tiene la más mínima autonomía frente al choque de intereses inter-imperialistas que desde la hegemonía mundial bancaria y financiera de capitales extractivistas se impone como una máquina demoniaca sobre lo que puede estar en juego para estos mismos intereses en sus colonias en África, Surasia, el Medio oriente y nuestra América.

Pero ante este teatro de la historia, sin embargo, nuestro pueblo no se ha quedado quieto y las clases trabajadoras han buscado saberes y armas para poder confrontarse y liberarse. No obstante, luego de la experiencia en estos años de la primera década del siglo XXI, donde el chavismo de los primeros años, antes de su corporativización, prometía verdaderos cambios de democracia social, tenemos más claro que un pueblo trabajador que no tenga sus propios instrumentos de lucha para pensar y hacer una política propia, para generar por sí mismo una economía de base, fuera de la lógica patronal y de una burocracia de Estado corporativista y dirigida en su mayoría por la clase militar, no podrá rescatar su autonomía como clase trabajadora y constructora de un país que le pertenece.

La burocracia de Estado, en alianza con el capitalismo y el neoliberalismo, a través de unos actores dudosos, ha disuelto la base material agrícola, pesquera, industrial, así como la institucional e incluso nuestra base armada, añadiéndose a este estado de fragmentación, su complicidad ante una fuga de capitales inaudita; un hecho que podría hasta marcar un punto inédito en la propia historia del capitalismo desde la Venecia del siglo XIV hasta hoy. La lógica devoradora del capitalismo ha alimentado por siglos todas las ambiciones corruptas y maquiavélicas que se fueron incrustando dentro de este particular Estado, así como la dependencia manifiesta, ante la capacidad financiera de las grandes potencias, que choca contra la retórica antiimperialista.

La movida es inter-imperialista y actualmente se observa más claramente cómo se refleja la disputa entre los distintos actores y sus posibilidades de negociar con este u otro grupo un territorio que tiene su importancia en el mundo como cualquier otro desde el punto de vista de los planes hegemónicos de apropiación de sus riquezas por parte de las grandes potencias. Es la totalidad capitalista en contra de cada partícula humana regional y nacional que no puede terminar de hacer la síntesis de lo humano, debido a que choca contra la misma posibilidad de vida de esta partícula. La desigualdad y la concentración de las riquezas en las manos de unos pocos es algo que todo el planeta padece, el resultado: una cantidad de gente impedida de cualquier condición de vida, empezando por el agua potable, en medio de la crueldad, la desterritorialización y el éxodo forzado.

Y aunque desde las matemáticas de Georg Cantor cada partícula del conjunto es una potencia de la totalidad de él, esto da para entender que entre nosotros, a pesar de este escenario, se esconde una semilla en potencia que pasa en estos momentos por irrumpir de la manera más contundente contra esta desgraciada fatalidad que nos han impuesto los intereses dominantes. No vamos a aceptar nunca el fascismo ni ninguna otra opción reaccionaria y no vamos a ser cómplices tampoco de una autocracia y represión militarista que se ha impuesto, y hacemos un llamado a todos los militantes patrióticos y libertarios a que nos levantemos juntos. La decisión es construir. El tiempo puede ser días o años. Pero lo importante es comenzar con una alternativa que entre todos impida cualquier forma de guerra absurda y manipulada que se siga proponiendo confrontar al pueblo contra el pueblo.

Este gobierno se ha convertido en un gobierno autocrático mientras que la oferta tradicionalmente derechista se sumerge en un mundo completamente bancario y excluyente que no es más que la burda oferta patronal, de mentalidad conservadora con proyecto económico neoliberal. Por otra parte, el chavismo, ahora claramente con Maduro, promueve la lógica clientelar, soportada en términos masivos por una militancia obligada a sostenerla y, que a pesar de poseer una identidad de clase, no es capaz de develar la mentira y de confrontarse con el Estado mafioso, ante la amenaza de una irrupción fascista.

Gestados en todos estos años de movimiento y de necesidad de transformar nuestro país, parte de los candidatos a la Constituyente de 2017, conforman una misma raza proveniente de esos años de esperanza cuando el Estado era promovido por un caudillo que jugaba también a esta esperanza, exaltada con un verbo genial, al mismo tiempo que, en sentido contrario, el propio Estado se iba corporativizando y, en consecuencia, corroyendo todas las condiciones para que la colectivización productiva, la territorialidad indígena, la democracia obrera o cualquier proyecto comunitario de autogestión, autónomo o de autogobierno fueran quedando para el folklore de un grupo simbólicamente manipulado alrededor de lo que suponía la identidad chavista.

Al día de hoy, una población trabajadora tiene que “resignarse” ante la hipérbole de que su trabajo no le da ni para una semana de alimentos, mientras observa a unas cúpulas que arrasan con todo. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué la gente los trabajadores del país no han podido superar estas individualidades y grupos que se han venido apropiando de todo recurso y de toda esperanza de justicia social en la IV y en la V? Una parte de la clase trabajadora se vio reflejada en una identidad posible de liberación que otorgó el chavismo, o años atrás, que vislumbró en la cantidad de rebeliones que se han dado a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, una vez instalado el Estado mafioso, luego de la dudosa muerte de Chávez, se expandió un gobierno fragmentado bajo el dominio cuasi feudal de varios caudillos, pero encima incapaz de confrontar ningún núcleo de corrupción o de cambiar un esquema económico que no ha hecho sino favorecer a la más agresiva de todas las formas de especulación y desvalorización del trabajo; un gobierno que hoy una inmensa población rechaza, aunque se siga alimentando de ese mesianismo que quedó de la época chavista. De mayor dimensión que antes, se creó una masa importante de clientelismo político y otra que ve en la Constituyente una nueva esperanza, pero sin poder confrontarse con los intereses que hay detrás de esta figura entre los que serán sus más poderosos liderazgos y cuyo propósito será seguir rematando a Venezuela a través de la importación de alimentos, de proyectos como el Arco Minero, de la venta de riquezas petroleras y gasíferas, o de cualquier otra riqueza, mientras se sigue castrando el desarrollo agrícola, así como las luchas por la defensa del agua, la biodiversidad y los bosques, entre las más fundamentales.

A este Estado mafioso entonces lo tenemos que golpear desde la dignidad de las bases organizadas y en forma de gobierno popular de la misma forma que a esta patética dirigencia de la MUD que en todos estos años más bien reafirmó su condición trágica y vergonzosa, -de no ser más que títeres-. Por lo tanto estamos metidos en un círculo devorador en donde los intereses inter-imperiales se disputan la explotación del territorio, y del cual hay que salir con mucha serenidad, haciendo autocrítica y saldando el aprendizaje de estos años. Esto también implica no prestarse a la dinámica de una violencia reaccionaria, a partir de la cual las élites intentan esconder sus intenciones promoviendo o dejando que se incremente el enfrentamiento entre venezolanos que ponen su cuerpo, mientras sus dirigencias escriben por Twitter o hablan por TV.

Desde esta mirada vemos entonces un cuadro bipolar en el que las mentalidades “patronal y clientelar” se confrontan entre el conservadurismo y la mafia, unidos, eso sí, en el capitalismo y neoliberalismo, y con esto anulando cualquier otra posibilidad de percepción y de existencia posible. Pero en medio de esta trama, volvemos a esa semilla que una y otra vez renace y que se sumará a la lucha justa. La misma semilla que dejará el odio y reivindicará a la clase trabajadora, hoy aplastada, enfrentándose dignamente contra cualquier signo de explotación patronal o clientelar y de dominación inter-imperial.

 

Ver también:

El chavismo gobierno lleva en sí la contradicción letal

La revolución sin rostro

 

 

 

Deja tu comentario