¡Con verga o sin verga, sí hay violación!

Réplica: Las Comadres Púrpuras

 

Después de escuchar a Marcelino Perelló, académico de la Universidad Autónoma de México y ex dirigente del Movimiento estudiantil de 1968, en su antiguo espacio de radio en la U.N.A.M llamado “Sentido Contrario” el pasado 28 de marzo de 2017. Este se fue de “intelectual patriarcal” al exclamar: “hay mujeres que sólo han sentido un orgasmo cuando han sido violadas”. 

¿Cómo puede decir una estupidez así impunemente? No faltaba menos que le respondiéramos con indignación y certeza, para así intentar contrarrestar la misoginia destilada por este hijo/aliado del patriarcado que reproduce y perpetúa la subordinación y dominación de las mujeres y justifica las violencias perpetradas hacia ellas, en este caso la violencia sexual.

Y es que el patriarcado no te la pone fácil: en un mundo androcentrista y falocéntrico, las mujeres siempre tenemos que defendernos: educar y reeducar, des-construir y reconstruir, luego nos dicen que somos el sexo débil, superficiales, emotivas y nada intelectuales. Pero este mundo está lleno de muchos marcelinos, y la lucha es cotidiana, porque la violencia es cotidiana, así que allí van algunas luces para quienes están confundidos, puedan ver la claridad.

Ciertamente la violencia se expresa en diferentes manifestaciones y como tal, afecta y atraviesa a todas y a todos. La psicóloga y experta en la materia, Susana Velásquez (2003)[i] afirma que mujeres y hombres suelen ser objeto y sujetos de violencia, sin embargo como se mencionó antes, en el sistema patriarcal se privilegia a los hombres y la esfera de lo masculino por encima de las mujeres, generándose así relaciones de dominación-subordinación.

Continúa explicando la autora, que el incremento de los noticieros amarillistas, así como programas de televisión realitys o talk shows que muestran escenas de violencia, generan en la audiencia una naturalización de la misma y afirma:

“… y así domesticada y convertida en objeto que se puede tolerar y consumir, la violencia queda neutralizada, anulándose, en muchas personas, su carga negativa y la censura. O se recurre a mecanismos de evitación y rechazo (cambiar de emisora o de canal) como forma de eludir el malestar que provoca ver y escuchar sobre hechos violentos (…) las mujeres están en desventajas pues la situación de subordinación social de la mujer favorece que esta se transforme, con mucha mayor frecuencia, en la destinataria de violencias estructurales y coyunturales”. (p. 34)

El hecho de eludir o negar los hechos violentos dificultará el reconocimiento de ciertos comportamientos como violentos y la toma de una actitud crítica frente a los mismos. Es así como el imaginario social actúa sobre el imaginario personal, transformando la ideología que lo promueve en pensamientos y acciones inmutables y excluidas a todo cuestionamiento, ¿las consecuencias?: primero, la minimización o negación de los hechos de violencia considerándolos «normales», desmintiendo las experiencias de las mujeres y des-responsabilizando a los agresores. Otra de las consecuencias será des-contextualizar a las personas violentadas. considerándolas singularidades aisladas que deben permanecer en el secreto y el silencio. Un silencio que, por un lado, ejerce la sociedad y, por el otro, las víctimas, desmintiendo y muchas veces desconociendo los mecanismos sociales de producción y reproducción de las violencias cotidianas.

Por ello, no puede hablarse de violencia sin incluir al género, como la categoría de análisis que viene a develar las relaciones de desigualdad hombres/mujeres, y es esta desigualdad una de las causas centrales de la violencia. Se define la violencia de género como: “todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física” (Velásquez, 2003).

La Organización de Naciones Unidas, 1993 define la violencia de género como: todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual y psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertas tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

Asimismo, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, Convención de Belem Do Pará, OEA, 1994, define la violencia contra la mujer como: “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.

Esto quiere decir Marcelino, que cualquier acto que cause daño psicológico o sexual a una mujer, y este acto no es consentido, es violencia. Si bien es cierto que es violento e indignante que te llenen la cara de mierda de caballo, y más aún porque no lo pediste, no lo consentiste, que te metan los dedos, un vibrador, o la verga, también es violación y es indignante, atenta en contra de los derechos humanos de las mujeres, por ende su dignidad. Afortunadamente en Venezuela, promulgamos una de las leyes más avanzadas para proteger a las mujeres: la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia[ii], que establece en el artículo 14 la Violencia sexual como:

“toda conducta que amenace o vulnere el derecho de la mujer a decidir voluntaria y libremente su sexualidad, comprendiendo ésta no sólo el acto sexual, sino toda forma de contacto a acceso sexual genital o no genital, tales como actos lascivos, actos lascivos violentos, acceso carnal violento o la violación propiamente dicha” (p. 47)

Es menester comentar que no sólo las mujeres pueden ser víctimas de violación, los niños y niñas y hombres adultos también pueden ser víctimas. Ya que el ser penetrado sin su consentimiento es ser víctima de violación. Entonces Marcelino, para que quede claro y sin confusión: penetrar con los dedos a una mujer sin su consentimiento, es una violación y el agresor está cometiendo un delito, por ende debe pagarlo con privativa de libertad. Sabemos que los movimientos feministas en México están en desacuerdo con el fallo del fiscal quien ampara al agresor y desprotege a la víctima.

No obstante, es un acto sororal y de toma de conciencia responder y reeducar a todos los marcelinos del mundo con investigaciones serias bien fundamentadas y no con “literaturas especializadas” sin autor ni fecha, que mitifican la violencia hacia la mujer. Además, que una mujer tenga orgasmos cuando la violen es un tema para discutir con profundidad y no con meros comentarios superficiales que dejan entrever las posturas misóginas de marcelinos que apuntan a cosificar a la mujer como objetos sexuales, que piensan que con el sólo hecho de introducir “algo” en su vagina la respuesta “automática” es sentir orgasmos. ¡Vaya Marcelino que poco conoces a las mujeres y tus palabras revelan cuán agresor en potencia eres!

¡Mujeres del mundo despertemos y cuidémonos, tomemos conciencia de que nuestros hijos varones no sean como Marcelino Parelló Vals, reproductor del patriarcado y por ende de la violencia hacia las mujeres!

Audio: 


Notas:

[i] Susana Velásquez (2003): Violencias cotidianas, violencia de género, es licenciada en Psicología y psicoterapeuta, docente universitaria especializada en el área de violencia. Realiza capacitación y asesoramiento a profesionales, grupos e instituciones y presta asistencia psicoterapéutica a mujeres afectadas por la violencia y a su entorno familiar y social.

[ii] Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia 2007, República Bolivariana de Venezuela.

 

 

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