Criterios de análisis 2: Territorio roto: la tarea de la Guardia Nacional y las Bandas Armadas dentro del Estado Mafioso y esta tierra de nadie

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La jerarquía no es solo piramidal, el despacho del jefe está tanto al final del pasillo como en lo alto del edificio.

En resumen, la vida moderna no ha suprimido la segmentaridad sino que, por el contrario, la ha especialmente endurecido…

Gilles Deleuze

 

Decíamos a la hora de examinar el desarrollo de eventos que nos ha llevado hasta la formación de esta estructura de gobierno que vivimos en una “tierra de nadie”. Un territorio olvidado y a la vez agudamente oprimido, dominado por cuerpos estatales y paraestatales que manejan códigos mafiosos, aliados a las oligarquías nacionales y regionales que buscan a como dé lugar garantizar hasta el infinito comprimir una nación la sustracción y fuga de capitales.

Pero a su vez insistimos que esta forma de dominio constituye paradógicamente su debilidad mayor ya que se trata un dominio totalmente externo y superficial del territorio nacional, hasta llegar a la locura de dejar que este sea sometido al deterioro progresivo del ambiente social, generando un cerco estratégico de bandas armadas, agentes represivos, que destruyen en forma puramente burocrática o violenta cualquier intento importante de liberación del espacio a través del intercambio directo y la producción guiada por la creatividad colectiva y la interacción de apoyo entre la pequeña propiedad del campo y la ciudad.

Esto hace que en realidad nuestro territorio nacional de más en más deja de ser el espacio de una sociedad viva aún en sus formas capitalistas de apropiación privada de riquezas, para convertirse en esta “tierra de nadie”, cada vez mas maltratada e improductiva. Son formas de dominio que siguen la lógica de mafias internas que sirven de garantía para que el gran capital no pare en su función saqueadora, succionando permanentemente la entrada rentista de riquezas hasta llegar a un punto tal de desfalco que nos les ha quedado otra salida que llevar a un país entero a convertirse, vía desvalorazación total del valor del trabajo, el robo y la extorsión descarada, en el instrumento para financiarse el gran ciclo saqueado del Estado mafioso: su populismo, sus múltiples formas de control de masas y programas sociales, sus inversiones básicas, sus aparatos ideológicos, hasta las mismas empresas petroleras, gasíferas, mineras, que garantizan la producción de una renta pública de divisas.

Vivimos, aparentemente, en un país donde todo debería transitar, por derecho, libremente: deberíamos transitar nosotros los seres humanos y así mismo las cosas que necesitamospara vivir, como los alimentos y las medicinas. Es un principio básico del Estado liberal-democrático para preservar lo que fue por miles de años un mundo abierto y sin fronteras rígidas. Pero resulta que hoy, el territorio que habitamos es un territorio roto, quebrado, obstaculizado; un territorio en el que se impide el libre flujo en provecho del bien colectivo, se impide la posibilidad del asentamiento productivo. Una situación que se reproduce en todas las fronteras del mundo especialmente en el flujo del sur al norte del mundo. En nuestra tierra ya no es solo el gran terrateniente quien se apropia de las tierras y las aguas y desplaza a antiguos conuqueros y pequeños propietarios, ahora se suman las bandas mafiosas extorsionadoras y expropiadores regadas por todo el territorio aportando a su fragmentación, fortalecidas por los organismos de seguridad, y consolidadas esta fragmentación por el autoritario matraquero y muchas veces criminal papel de la Guardia Nacional en gran parte de su movimiento y asentamientos territoriales. En otras palabras, el cuerpo territorial donde habitamos bajo derecho propio que es la nación es un territorio oprimido, fragmentado, violentado, queremos decir: ROTO, RESQUEBRAJADO.

Fronteras externas e internas

Partamos de una situación de frontera externa: se habló de contrabando de extracción y se cerraron las fronteras entre Venezuela y Colombia, prometiéndose que problemas como los del desabastecimiento o escasez, acaparamiento y especulación, bachaqueo y colas ¡ahora sí se iban a acabar!, porque el contrabando de extracción era la causa, pero ello no sucedió, nada de esto se acabó, y mientras corría un rumor con respecto a esta situación: Arias Cárdenas y su combo salieron ganando. “Todo el mundo sabe en Maracaibo y el Zulia”, nos comentan, “que Arias está metido en el negocio de la gasolina y también en el de los alimentos, entre otros”.

Los territorios quebrados hay quienes los fragmentan en función de sus propios intereses. Necesariamente tienen que ser “hombres del poder”, combinados sus elementos esenciales el Estado y el Capital, utilizando todos sus recursos legalizados –gandolas y fuerzas de seguridad– como los recursos extralegales o paraestatales armados que los controlan hasta donde se hace necesario, siguiendo una estrategia de cerco estratégico a poblaciones y territorios. Cuando estos grupos se le van de las manos y dejan de ser funcionales a los intereses de estos sujetos, sencillamente son eliminados, es la tarea esencial de las llamadas OLP.

Otra situación entre las fronteras colombo-venezolanas se está dando entre algunos pueblos indígenas del estado Zulia que se resisten al contrabando de reses. Los grupos armados, sean o no estatales, vienen implementando desde hace años el cobro de vacuna al pueblo y por supuesto todo un control territorial, prácticamente obligando a comunidades que no quieren participar en el contrabando, a que se hagan parte sí o sí. El territorio cercado por el chantaje armado es un territorio expropiado, la desterritorialización se produce en el mismo espacio donde siguen habitando individuos y comunidades. En un estacionamiento en Caracas, entró la GN, le preguntamos a uno de los señores que cuida que qué hacían allí, que qué había pasado, el señor nos dijo: “Mija, cobrando vacuna”. Cada día el pueblo venezolano, que sabe todo lo que está pasando, viene siendo asechado por esta situación, pero son situaciones que se han “naturalizado” se aceptan como un “estado de facto permanente sobre la población”.

Así que ya no sólo estamos contando con el saqueo de siempre –el que habrá también con la explotación del Arco Minero del Orinoco: el marginamiento de mineros y comunidades mineras, la invasión transnacional–, sino con el saqueo interno de los grupos armados en confabulación con los dueños de los distintos monopolios, que en resumen, encarnan el poder a mano armada, y a lo macho, contra el propio pueblo, contra la propia gente, y lo que es peor, contra los trabajadores indígenas, campesinos, obreros, mujeres, niños, ancianos.

Se han articulado una cantidad de fronteras internas, de parapetos de alcabalas, donde los grupos armados en este caso específico de seguridad del Estado –que en teoría se encargan de la seguridad de la población–, terminan cobrándole por vivir. Pero igual por tener una tierra, por trabajar y producir, y a continuación por desplazarsee intercambiar lo que se produce, cuando se produce. Estos supuestos garantes de la seguridad del pueblo están más bien a su asecho, y el Ejecutivo los deja operar, sabiendo que, día a día, madrugada a madrugada, noche tras noche, los garantes del orden interno cuya divisa es el “honor”, le arrancan a la gente el sudor de su frente, la tranquilidad, la libertad y la esperanza. Mientras que se da esto, entre el pueblo llano, a lo largo y ancho del territorio, en las esferas superiores del Estado, vemos a una red de funcionarios de gobierno bachaqueando en grande junto a losgrandes monopolios internos. El síndrome del ministro Osorio “el gorgojo mayor” es un fenómeno totalmente generalizado que tiene su raíz dentro del cerco territorial multiplicado en miles de microsespacios regados nacionalmente.

¿Qué más sucede? Nuestras fronteras están quebradas por dos monopolios. El primer monopolio es el de siempre, el que tiene bajo su propiedad mercados enteros de importación, distribución y comercialización, como es el caso de Cavidea. Entre este tipo de monopolios, la mercancía se distribuye al precio que ellos mismos imponen, habiéndola importado con un dólar desde hace 15 años regalado a través de los mecanismos del control de cambio, controlando así el precio mercado y siendo los primeros bachaqueros del país. Con respecto a este monopolio, preguntémosle al Ejecutivo por las excelentes relaciones que tiene con todos estos agentes dueños de los distintos monopolios de importación. Su supuesto enfrentamiento, que ellos saben a lo interno, que de lo que se trata es de una comedia barata para escondernos lo que son sus verdaderas interrelaciones y complicidades.

Solo por tomar un caso: los CLAP en estos momentos se convirtieron en la distribución gratuita de todos los productos de la Polar: aceite, margarina, harina pan, etc., además de otras compañías. El Estado le compra a la Polar y demás monopolios alimentarios tanto de importación como de producción interna, al precio convenido entre ambos, para luego “distribuirle” los productos, misericordiosamente, a una población a la que encima sigue atapuzando de carbohidratos. Las transacciones son a beneficio exclusivo tanto de los agentes de estos monopolios como de los comisarios del gobierno (fundamentalmente militares en estos momentos quienes controlan internamente el ciclo alimentario de importación y flujo interno), mientras la población yace urgida en sus necesidades y en el miedo que le da que la maten en un saqueo, en una revuelta o en una protesta como sucedió entre el 27 y 28 de febrero, donde hubo una masacre contra el pueblo venezolano… y todo esto se ha hace en nombre del socialismo, ¡qué descaro!

El –nosotros– pendejos de siempre, gracias al gobierno y a estos monopolios, o esperará los CLAP o hará su cola, intentando conseguir alguno de estos productos, pero también, en muchos casos, tendrá que pagárselo a cualquier precio a toda clase de bachaqueros empezando por las redes de supermercados y abastos. Mientras que los llamados bachacos, es decir los bachaqueros máximos, explotan toda la cadena productiva, es decir: la producción, distribución y comercialización.

Este es un procedimiento ya histórico que quiebra todo el desenvolvimiento de flujos libres y comunitarios; intercambios que podrían generarse entre los lugares de producción y de consumo a un precio que, obviamente, sería infinitamente más bajo que el que resulta de esta conchupancia entre Estado-gobierno y monopolios. En otras palabras romper el territorio no solo sirve a los propósitos de contrabando externo e interno, es un factor central en el precio de la mercancía transportada. Pero ni la IV ni la Revolución bolivariana se atrevieron a tocar la explotación de esta cadena porque siempre ha habido un burócrata, algún militar o ministro que, junto a sus cómplices empresariales, ganan en cada punto de estas redes que en vez de horizontalizar, verticalizan, segmentarizan, despóticamente todo el territorio.

Pero para poner la cosa peor todavía, en una crisis, que ha sido incluso sincerada por el gobierno, el aparato de Estado nos añade una nueva ruptura de todo el territorio, que es dejarle principalmente a la mafia de la GN los controles territoriales y al resto de estamentos de seguridad pública que existen a continuación como policías, fiscales, funcionarios, etc., el control que queda de la cadena de necesidades de la población, haciendo todo lo que esté a su alcance para que no haya ninguna posibilidad de establecer relaciones por parte de la población entre campo-ciudad, productor-consumidor, producción-población o para que se haga de una manera directa, pues entre una cosa y otra están las miles de alcabalas que en estos momentos podríamos contar, que se sobreponen a estos aparatos mafiosos de Estado en contra del flujo abierto entre trabajador-productor y población.

Estamos atravesados vertical y horizontalmente por los cuerpos de seguridad del Estado y por dichos monopolios, por políticas de control y discriminación, que nos impiden ejercer nuestros derechos. Las nuevas políticas distributivas de Estado (CLAP, PAC, etc) constituyen un auxilio en última instancia para impedir la revuelta generalizada. Alcabalas móviles o permanentes, estamos hablando de más de 500 unidades de control, que imponen uno de los despotismos más flagrantes e impunes que desde hace décadas se ha instalado y naturalizado en este país.

Agencias del Estado que actúan como grandes corporaciones mafiosas, que se han encargado de romper el territorio y, en consecuencia, fragmentarlo, imponiendo fronteras internas en todos lados. De manera que por ejemplo cualquier camión que sea de hortalizas que salga de Mérida hacia Caracas tiene que calcular en los tiempos de hoy no menos de 500 mil bolívares sólo por el cobro de vacunas a pagar en todas estas alcabalas lideradas por la GN, mientras los suelduchos de este país, incluidos los de los cuerpos de seguridad, a pesar de que se los han subido más que a los trabajadores, son un chiste más en medio de la tragedia. Esto quiere decir que entre las razones de una inflación desatada, no sólo podemos valorar sus razones macroeconómicas sino el “costo territorial” impuesto particularmente por la Guardia Nacional, en sintonía con los intereses monopólicos y de la corrupción. Es el mismo modelo del control de cambio del dólar trasladado al control de precios de los productos básicos y el control de la distribución para que unos pocos le puedan sacar ganancias. La economía paralela que se va generando va corroyendo todo, lo va pudriendo.

Y esto por supuesto es un aspecto de los muchos que se pudieran mencionar de por qué sencilla y llanamente no hay arroz o no hay aceite, etc. La situación se remonta a muchos años atrás, pero hay un corte en el período posterior al paro petrolero. Desde entonces lo que fue un proyecto constituyente de transformación y refundación total del Estado quedó estancado, quedando estancadas las fases liberadoras y posteriormente reproducidas por igual, las relaciones opresivas y represivas de este frente a la población y el territorio.

Las políticas del mundo al revés

Al comienzo de la Revolución Bolivariana una de las demandas que se concentraron hacia el presidente Chávez fue disolver la GN por tratarse de unos de los cuerpos creados desde Eleazar López Contreras en adelante, y que desde entonces, con el mismo grado de corrupción, le viene aplicando el terror y la extorsión a la población, imponiendo un sistema generalizado a nivel territorial que luego otros cuerpos de seguridad como el de los policías nacionales, regionales o locales copian y en algunos casos acentúan hasta llegar a los funcionarios de cualquier institución que bajo este modelo legitimado de la GN se plantan en el operativo de cobrarle vacuna a todo el mundo –sin hablar de sus asesinatos, contribución con el secuestro, etc.–, a campesinos, comerciantes, transportistas, distribuidores, o en síntesis, a todo el pueblo que es el que produce el flujo de personas y de necesidades fundamentales para la vida.

Denunciamos este asunto de una vez por todas, porque gracias a la unión de estas dos grandes mafias: las monopólicas y las de seguridad del Estado, se da la gran garantía de hambre que hoy en día vive gran parte del país. Se trata de un asunto de seguridad nacional, de derechos colectivos y de garantía de la vida de una población que vive sometida a este tipo de abusos que constituyen efectivamente una guerra económica y opresiva contra él. Si se habla de un regadío de bandas armadas y paramilitares diseminadas por territorios específicos: Bolívar, Barlovento, barrios más empobrecidos de las principales ciudades, la panamericana del sur, la Sierra de Perijá, oriente costero, estas en un momento dado fueron parte de una estrategia de cerco internacional que penetraba el territorio vía Colombia, en función de estrangular la revolución que parecía abrirse camino en nuestro país, pero que una vez congelado el proceso revolucionario, han tenido expansión propia gracias a la colaboración y fusión con el estamento represivo del Estado.

Por ello, no vivimos en absoluto una situación propia de los grandes Estados en su organización y formas concretas de ejercicio del poder, más ligados a los extensos análisis que hacen extraordinarios pensadores como lo fue Foucault, ni somos simplemente un “Estado fallido”, vivimos una conversión institucional hacia un Estado mafioso donde prevalece a todo nivel la lógica facciosa y de bandas territoriales de poder en muchos casos garantizadas y fusionadas con el Estado. Es un despotismo regresivo en la evolución moderna que tiene sin duda alguna un cálculo y unos agentes propios cuya estrategia está centrada en la fragmentación y cultivo de la entropía interna de las naciones.

Vuelta a uno de los últimos componentes de la guerra económica

Este último aspecto de la guerra de económica contra el pueblo constituye no menos del 10% del componente inflacionario de la economía y no menos del 20% de las razones del desabastecimiento tanto de medicinas como de alimentos. La GN juega un papel básico en lo que fue la entrada y la fuga de mercancía (a través de todos los controles fronterizos), y el reparto ilícito que se hizo de mercancía a través de los ministerios. Son la GN y los ministerios en el caso de los alimentos y las medicinas, la cuña sórdida que favoreció todos los mecanismos que tiene el capital para generar una economía especulativa. “Te vendo tres camiones, pero dos son míos”, le decía un funcionario del ministerio de alimentación a los responsables del colectivo Alexis Vive a la hora de establecer un acuerdo para la compra al Estado del reparto directo de alimentos en el 23 de Enero de este colectivo, por supuesto un comando de la Guardia se encargará de garantizar que “legalmente” se le den los tres camiones de alimentos al colectivo, se firmen los papeles correspondientes y luego por debajo se regresen los otros dos camiones a la legión corrupta de funcionarios (mecanismo que el colectivo por supuesto no aceptó, no aceptando amenaza de nadie).

El capitalismo nunca pierde pues saca de dónde sea cualquier ventaja: liberan la economía y la ganan, controlan la economía, y la ganan. Por eso el problema esencial no es el mercado sino la propiedad de los medios de producción, distribución y comercialización, como la capacidad que tengamos de restablecer el control colectivo sobre el territorio, aspectos que no son nada fácil de resolver, pero que sin duda comienzan a transformarse en los aspectos básicos de nuestro destino como pueblo. Se restituiría un territorio libre y oxigenado, multiplicándose por doquier todas las relaciones humanas que sin darnos cuenta hemos dejado perder de manera cada vez mas. profunda.

El Ejecutivo trató de burlar el mercado creando el control de un sistema de bienes y servicios subsidiado por él, sin embargo, al no lograr la productividad interna este control se vuelve tan perverso como el otro al cual trataron de burlar.

Lo único que hubiera logrado un éxito era la producción y el fortalecimiento de la clase trabajadora. Pero el Estado o mejor dicho, los agentes que se ubicaron en el centro de la conspiración interna en contra de cualquier proceso que ponga en juego su papel como agente máximo de la administración del despotismo capitalista, deliberadamente y utilizando todas las herramientas burocráticas en sus manos quebraron las empresas que entre los años 2004-2009 pasaron a control social y de los trabajadores (años en que se radicalizó la toma de tierras y empresas abandonadas por los dueños). Uno de sus propósitos centrales entre muchos fue impedir la generaciónde una economía nacional no monopólica y mucho menos con características colectivistas. Por el contrario lo que se instauró fue un plan de conspiración interna en función de acentuar las perversidades históricas del coloniaje económico, que ahora concluyen con el enorme plan de facilitación de la inversión transnacional sobre los arcos y ejes gasíferos, petroleros y mineros.

Los bancos son los que controlan el capital. Y los Estados como EEUU se centran en el cobro de impuestos y el control de toda la política crediticia. El gran capitalista no tiene problema en pagarle al Estado porque ya el Estado no es un Estado de bienestar sino un aparato que le garantiza al capital internacional sus dominios. En esto la Guardia Nacional juega un papel fundamental, pero ya no solo como el clásico organismo de seguridad del Estado capitalista, sino involucrándose directamente en el “impuesto a la vida colectiva” que genera su presencia generalizada en cada flanco territorial del país.

De todas formas así no nos van a derrotar

Toda esta tramoya una tras otra vez se describe sin cesar en cualquier cantidad de denuncias que se repiten día a día. Ahora insistimos que en el mediano y largo plazo es la peor forma de dominar una población. El hambre, el chantaje represivo, estos miles de agentes actuando sobre la fragmentación territorial, no llegan a generar una “ingeniería social de dominio”, y que muchos investigadores de derecha e izquierda en Europa lo han denunciado en su caso. Todo se vuelve gaseoso, todo es una circunstancia donde el mandatario inventa una maniobra o una mentira más para salir del paso.

Nadie puede seguir dominando a la larga como el terrateniente que mientras vive su exquisita y permanente vacación en el norte del mundo, esperando que le lleguen los frutos de su riqueza a sus cuentas bancarias, deja por otro lado a unos capataces cuidando su celda feudal. Necesariamente el estado moderno aunque en el Siglo XXI pareciera infundir hacia el sur del mundo una situación de caos programado, por otro lado, produce con ello el comienzo de su fin. En nuestro caso ha generado un producto que a la larga hará para ellos un territorio ingobernable como lo son las bandas islámicas dentro de la barbarie que han favorecido en el Medio Oriente.

La única tendencia reorganizativa dentro de este programa opresivo del “territorio roto” y cada vez más deteriorado es la vida colectiva territorial empezando por el campo. Allí es donde nace una nueva realidad dentro del “territorio roto”. El “Estado mafioso” es la peor forma de un poder con proyección estabilizadora y conservadora. Es un Estado que se traiciona permanentemente a sí mismo. Reconstruir esta realidad fragmentada es la tarea del otro, y de otra política. Es el próximo puto a tratar: “el goce de la reconstrucción desde abajo”.

 

 

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