El territorio liberado del Kurdistán al servicio de la humanidad progresista. Memoria del encuentro en Caracas con el compañero Sivan

Este martes en Caracas, en la sede de Redes (quinta Amalivaca), recibimos al compañero revolucionario kurdo Sivan, quien a lo largo de los últimos seis (6) años, ha estado a cargo de las traducciones al castellano de los escritos del líder kurdo Abdullah Öcalan, cariñosamente llamado “Apo” (tío) por su pueblo. Serán 5 tomos publicados como resultado de un arduo trabajo, de los cuales ya van dos ediciones, y próximamente, una tercera, la venezolana, titulada Orígenes de la civilización, con prólogo de Roland DenisEncuentro con el compañero revolucionario kurdo Sivan y presentación del libro “Civilizaciones” de Abdullah Öcalan – prólogo de Roland Denis (avance)–.

Öcalan fue secuestrado en marzo de 1999 en Kenia, a partir de un plan donde el Mossad y organismos de inteligencia de países miembros de la OTAN, jugaron un papel determinante; y sentenciado a muerte, pena luego conmutada a cadena perpetua por las normas de la Unión Europea (UE) en materia de derechos humanos en un momento en que la máxima aspiración del Estado turco era el ingreso a la UE. Por esta razón, los libros que recogen los escritos de Öcalan en lengua turca, entre los años 2008-2011, y que reúnen la visión histórico-política del líder y del pueblo kurdo –actualmente en proceso revolucionario–, se dirigen a los tribunales europeos de derechos humanos, para que desde allí se pueda impulsar un proceso de reconsideración del juicio. Por ello también Sivan se refirió a los libros como a la defensa de Öcalan: “mi defensa”.

La historia del pueblo kurdo representa, por un lado, la historia de la opresión sistemáticamente ejercida contra un pueblo que desciende de uno de los pocos pueblos originarios de todo ese territorio, donde nacen los ríos Tigris y Eufrates (Mesopotamia), y donde se conformaron las primeras civilizaciones del mundo (los antiguos Medos). Por el otro, representa una larga historia de resistencia extendida durante el siglo XX, y hasta la actualidad, en la que los kurdos o toda la región del Kurdistán, que comprende parte de los cuatro territorios que hoy día son Estados-Nación (Turquía, Irak, Irán y Siria), quedó al margen o fuera de la conformación de los Estados Nacionales Modernos en Medio Oriente. Es decir, los kurdos no tienen Estado-Nación, y su convivencia entre estos Estados, se ha visto atravesada por la persecución y la imposición de otras lenguas, religiones y culturas sobre las más milenarias. El odio contra el pueblo kurdo –alimentado desde estas conformaciones excluyentes de “lo otro” y conformadas en identidades unitarias, es decir homogéneas–, se ha ejercido en forma de guerra y ataques, de violaciones y genocidios, tanto por parte de estos Estados-Nación como por el Estado Islámico.

Nos habló Sivan de las riquezas naturales y materiales (además de los recursos hídricos e hidroeléctricos, los principales yacimientos de hidrocarburos de los 4 Estado-Nación, antes mencionados, están ubicados en el Kurdistán), y de la historia étnica, religiosa y cultural de los kurdos, que hoy se revela en una conciencia propia que establece y genera lo que llama “soluciones de paz” para que se pueda alcanzar una convivencia fraterna entre las distintas etnias, religiones y culturas, y esto nos trae una visión muy distinta a la que impulsan las sociedades occidentales modernas, donde los recursos materiales que pudieran ser compartidos con otros pueblos –como lo plantean los kurdos–, son más bien acumulados por las élites mundiales y donde se imponen lenguas, religiones y culturas hegemónicas que, de la misma forma, impiden la existencia de “los pueblos”, de su memoria y prácticas sociales, elementos que pudieran ser salvadores para toda la humanidad.

Entre las soluciones que plantea el pueblo kurdo, para la transformación del mundo actual, Sivan hace referencia a los centros religiosos, escuelas y universidades como espacios al servicio de la “ciencia del pueblo”, y no, como operan dentro de la modernidad capitalista, es decir para la producción de una ciencia al servicio del genocidio de los pueblos. Por ello nos aclara –al contrario de lo que se piensa desde la izquierda en América Latina–, que países como Irán y Siria, que se muestran aliados de los gobiernos progresistas latinoamericanos, incluso el Irak de Saddam Husein, también han aplicado esta ciencia que respalda a los países más poderosos del mundo en su exterminio de minorías, siendo el caso más crudo y directo de ataque, la Turquía cuyas fuerzas armadas son las segundas en importancia de la OTAN, solo detrás de las de los EEUU.

Son alrededor de 50 millones de kurdos que sobreviven entre estos 4 países y la diáspora. Más o menos, entre 20 o 25 millones se encuentran en Turquía, 4 millones en las grandes ciudades turcas como Estambul, 12 millones en Irán, 5 millones en Irak, 3 millones en Siria, y en la diáspora, unos 3 millones en Europa, otros en Rusia y hasta en América. Asimismo la riqueza cultural de los kurdos abarca distintas lenguas y dialectos, religiones y culturas. Por ejemplo, las Asambleas Populares en Rojavá (Kurdistán de Siria), y primer territorio liberado del pueblo kurdo, representa a todos los grupos étnicos, a las mujeres –como actores centrales de la liberación de este pueblo–, y a los jóvenes, logrando reducir la violencia y los feminicidios, e impulsando la agro-ecología y ganadería, así como una industria que sirva de desarrollo y no de dispositivo para la destrucción de las tierras y los pueblos originarios. Otra distinción de los alcances de este pueblo en revolución ha sido la presencia de cada grupo étnico representado por un porcentaje y en donde las decisiones no se toman por la vía del voto (mayoría/minoría), sino por la vía del consenso.

La inversión que le da el pueblo kurdo a la conformación de un Estado-Nación es primero entender que las fronteras que plantean estos Estados son artificiales y no reflejan la realidad del Oriente Medio. Por otra parte, la solución que plantean es la aceptación del pueblo kurdo y, en consecuencia, el reconocimiento de sus derechos como acción para que estos países puedan superar la desintegración que seguiría intensificándose con la guerra y la intervención de las potencias mundiales.

Los kurdos plantean la no-superioridad de una lengua, etnia, cultura o religión… sobre la otra, el respeto al otro, y a sus creencias, la igualdad del hombre y la mujer (esto proveniente de la corriente del zaratustrianismo) y la capacidad que tienen de compartir sus riquezas con otros pueblos como es el caso de los árabes. A esto Sivan lo denomina “sociología de la libertad”, pues señala que las riquezas –y así lo concibe el pueblo kurdo consciente de su revolución–, son suficientes para todos, lo que no permite la consolidación de una cultura monolítica que no crea solidaridad, o la nacionalista, que no puede concebir a los otros grupos. Se trata de una política de la amistad, que incluye la ciencia de la mujer (gynecology), y su liderazgo, la economía ecológica, la eco-industria, la descentralización, la reconstrucción del alma y pensamiento libres, el patriotismo como “fidelidad a la tierra”, la acogida hospitalaria y fraterna, y en síntesis, la concepción y materialización de un Confederalismo Democrático, que permitiría el desarrollo de todas estas propuestas y la solución para enfrentar los elementos más desesperanzadores que nos ha dejado a la humanidad, la modernidad capitalista, a partir de un sistema donde priman las estructuras de poder local, altamente participativas, descentralizadas y articuladas.

Fue muy importante poder escuchar a Sivan y entender que existe un territorio en el Medio Oriente dispuesto no solo a hermanar a los pueblos, sino a ser en sí mismo una tierra que se nutre al servicio de toda la humanidad progresista del mundo; una humanidad que puede aprender de esta inmensa experiencia, practicando la militancia, el trabajo voluntario en los servicios civiles o aprendiendo a ser un espíritu libre.

Le agradecemos enormemente a Sivan por su dedicada exposición y gran esfuerzo de traducción de los escritos de un líder extraordinario como lo es Öcalan, y también, a quienes han conformado los Comité de Solidaridad –en Venezuela y en distintas partes de América Latina y del mundo–, con este grandioso pueblo que está luchado por su existencia y por la de toda una humanidad. Esperamos que los puentes se fortalezcan y que no cese la resistencia y la fraternidad que propaga esta digna lucha contra la guerra, el odio y el exterminio de las minorías del mundo.

La venta del libro Orígenes de la civilización, edición venezolana, servirá para recaudar fondos con el objetivo de fortalecer los puentes entre el pueblo kurdo y los pueblos solidarios a esta causa, contemplando la posibilidad de que los pueblos nuestramericanos puedan vivir la experiencia junto al pueblo kurdo en el territorio del Kurdistán y, de la misma forma, recibir la visita de voceros de esta revolución a nuestras tierras y a todas las del mundo.

 

 

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