El Zulia: Una frontera sin patria o la lucha del Ser y el No-Ser

La frontera del Zulia ha quedado para delinquir; autoridades civiles y militares muy bien lo saben, pero se hacen los desentendidos, y algunas de ellas forman parte del oscuro asunto. La frontera es la tierra y el mar de los negocios ilícitos, allí todo gira alrededor del dinero sucio y la vida irresponsable al margen de la ley y las costumbres ciudadanas dadoras de patria.

Hay tanto dinero generado por asuntos ilícitos en los poblados fronterizos que el dinero nada vale, pero todo se hace por dinero, por mucho dinero. Ya el trabajo creador, hacedor de ciudadanía, no es apetecido, por eso los jóvenes no van a las escuelas o instituciones de educación superior, pues allí no se hace dinero, con las profesiones liberales no son ya apetecidas, es más, ahora sus facultades son centros delincuenciales, podrías obtener un título sin ir a clase todos los días, y la permanencia en una de estas casas de estudio es peligrosa, allí la vida tampoco vale nada, en algún pasillos te pueden asaltar o quitarte la vida. Son centros de saqueo permanente y de la conspiración política y el saboteo.

Estamos en presencia de una sociedad de cómplices. Donde asistas tú a resolver un problema el funcionario te exige a escondida un dinero extra para cumplir con sus funciones en el trabajo por el cual deviene un salario. Sea cualquiera el ministerio o institución pública donde se tenga que ir, muy en especial si es un centro del llamado poder moral, o policial/militar. Las alcabalas son las niñas de los ojos de la delincuencia y libre “bachaqueo”. Allí todo es posible, depende de la cantidad de dinero exigido, o de la autoridad involucrada desde una oficina alfombrada central ministerial.

Pero no todo está perdido, en cada alcabala u oficina de cada ministerio del mal denominado “Poder Popular” hay uno que otro funcionario cívico o militar honrado, que ama a la patria de Bolívar y el buen proceder ciudadano, por más rico o humilde que sea el barrio o centro residencial hay venezolanos, colombianos, o de cualquier otra nacionalidad que le choca este flagelo mundial contemporáneo de la corrupción y el crimen organizado imperante. Son estos ciudadanos el sustrato que soporta la Venezuela Bolivariana que resiste.

Son símbolos universales en movimiento permanente entre el bien y el mal moral espiritual interpretado por las culturas y las disputas infinitas del devenir de la vida y la muerte de los seres físicos existentes, sea cual sea su estructura molecular material. Son fuerzas antagónicas que han regido el Ser y el No-Ser. Que una vez puede estar en equilibrio, o a favor de uno u el otro extremo. Hoy estamos sin duda en el No-Ser, para venir el Ser. Estamos en la oscuridad o el caos para venir e imponerse lo contrario; todo depende cómo se interprete para facilitar la permanencia del imperio del uno u del otro, o todo lo contrario, el equilibrio de ambos.

Esta vez unos estamos apostando al trabajo cotidiano dirigido por el corazón y la inteligencia creadora de la Vida y la Paz, el Orden, otros por el imperio de la Muerte y la Guerra, el Caos. O la Amistad o la Guerra.

Ahora vienen unas elecciones, apostaremos por una u otra interpretación del devenir. No nos equivoquemos. No todo es subjetivo, como se suele interpretar, está marcada esta subjetividad en cuestión por variables históricas cuantificables y medibles como nos impone el positivismo, no nos equivoquemos por favor. Solo una profunda meditación y discusión colectiva, o en colectivos de los hechos y acontecimientos históricos nos orientaran en los asuntos cotidianos de la vida, soporte permanente de los trascendental y lo extraordinario.

 

 

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