La estrategia necesaria: La reconstrucción de la autonomía revolucionaria como valor fundamental

Ya hemos llegado demasiado lejos, los deterioros materiales generalizados se profundizan día a día –la economía, la calidad de vida–, y la violencia endógena que sugiere una nueva forma de guerras civiles fragmentadas, muy propias de esta etapa tan destructiva hacia los pueblos del capitalismo global, se generaliza naturalizando la criminalidad entre nosotros, incluidos los crímenes de los propios aparatos de Estado como el caso de las OLP y pare de contar respecto al resto del sistema policial-militar. Traición tras traición, corruptos hasta las metras, escuálidos y mandos burocráticos del chavismo se pelean la medalla del más destacado. Ahora, frente a esto hay que encontrar alternativas que interpreten y puedan crecer en el momento y a su vez permitan una mirada hacia adelante que nos deje vivir fuera del dominio de estas gargantúas disolventes de toda respiración esperanzadora que son el gobierno y la oposición: en definitiva quienes monopolizan la representación política dentro del sistema del poder constituido. Ese es un problema clave no resuelto y para lo cual queremos aportar algunos puntos de vista.

Podemos decir antes de todo que sin sujeto revolucionario, es decir, una telaraña compleja, soberbia y luchadora de cientos de miles de seres, organizados de muchas formas y propósitos de resistencia y liberación, implementando las formas de lucha que la misma realidad enemiga impone –pacífica o violenta-, pero siempre militantemente, es imposible, es una ridiculez estar esperando respuestas limpias “de una sociedad sin más”, póngale el apodo de “civil” o de “pueblo”. La sociedad sin más es siempre un niño sin mayor fantasía ni picardía que no termina de crecer y reconocer el orden que la determina. Mientras existan Estados-nacionales y una geopolítica global que termina ahogándonos a sus intereses, máquinas chupasangre que disponen de mecanismos duros y suaves, sangrientos y bonitos, gruesos y finos, de imposición y hegemonía suficientes, seremos los “ciudadanos” unos idiotas colgados de sus necesidades e individualismos respectivos; fragmentos de la sumisión planificada. La sociedad y su propia diversidad es un conglomerado dominado con gritos sueltos desde su interno, altos y bajos, más individuales o más colectivos, aquí y allá, que resuenan y nos recuerdan nuestra trágica situación. Esto pasa hasta en los momentos más masivos de una rebelión puntual pero generalizada como lo fue el 27F-1989.

Se trata del Estado y del clásico poder que lo rodea, aunque entendemos que se puede estar dentro de su aparataje institucional y colaborar en el bien común, claro que sí. Se puede incluso “ser poder de Estado” y ayudar por un momento a dar importantes saltos justicieros y libertarios, ¿por qué no?, la historia lo ha probado; el anarquismo puro como todo absolutismo programático se hace a la larga impotente y dogmático contra sí mismo. Momentos que duraran lo que la calidad política, la ética, la inteligencia, y la capacidad de resistir a la presión global de esa dirección esté en capacidad de dar (aquí no pasó cuando mucho de seis años desde el 99 al 2005). Pero esperar que un gobierno atado a esta maldición de la historia que son los Estados, además en nuestro caso, de un Estado a los niveles de descomposición interna no solo por la corrupción sino por la invasión de lógicas mafiosas, policiales e impunes, sea el mecanismo de una liberación de los pueblos, el “representante de la revolución” para generalizar, es otra tontería o típico engaño de los gobiernos izquierdistas que ya desde los tiempos de los viejos socialistas, empezando por Marx, dejaron bien claro del absurdo que supone. Y esperar que la “sociedad civil” `pr su parte produzca los dispositivos por ella misma para convertirse en un poderoso laberinto de insurgencias que apunten a un poder constituyente y de ruptura, es un autoengaño discursivo. Concluimos por tanto que el único instrumento de liberación real es la vanguardia colectiva de un pueblo pero en lucha, ese sujeto revolucionario que siempre será una parte pequeña del todo social mientras no se vayan constituyendo los tejidos materiales que vayan venciendo irreversiblemente dentro de esta batalla histórica contra la civilización capitalista; esa inmensa máquina global y masiva de explotación del hombre contra el hombre, del hombre contra la naturaleza.

Comenzamos por acá por repetir una vez más los fundamentos de un principio estratégico que en nuestras tierras ha perdido mucha fuerza –sustituida por el gobierno-caudillo-partido-Estado, representante, vocero y mando de la revolución– siendo una de las columnas básicas de los intensos y cortos momentos revolucionarios que vivimos en los años 2000. Y es que toda estrategia debe soportase en el valor fundamental de la autonomía del movimiento revolucionario no solo frente a los agentes dominantes coyunturales (que en este caso podrían ser oposición y gobierno) sino frente a las lógicas del Estado mismo. No hay “tercer sujeto” sin “otra política” a la que nos impuso la modernidad liberal-capitalista-colonial. Y eso hay que inventarlo desde abajo, con manos y mente propia, una ciencia política de ese sujeto-pueblo; y esta estrategia no puede ser otra cosa que una estrategia autogobernante que se ve desde la luchas más locales y concretas a la dimensión nuestramericana en nuestro caso.

Tantas veces se oye entre compañeros y compañeras llenos de la nobleza, quienes conformaron hasta hace pocos años ese sujeto revolucionario: ¿qué hacer en los actuales momentos? La inmensa mayoría se ven obligados a defender lo indefendible, es decir al gobierno, frente al temor de la ascendencia derechista de la oposición siguiendo la agenda de estos dos años en el continente. Sin embargo la impotencia es terrible, ya que el gobierno frente a la sociedad incluso la más conservadora, sometida a sus reglas, pero productiva y dispuesta a sobrevivir aportando hasta en la peor situación, se ha convertido en su enemigo fáctico. Mecanismos impositivos completamente irracionales, desde permisos y papelería hasta imposición de precios a productores, comisiones, ventas obligadas a sus corporaciones ladronas, bloquean y estrían todo el territorio, privilegiando siempre el aparato militar y el parasitismo empresarial y burocrático. Es una verdadera guerra por un lado de los aparatos burocráticos y militares, por el otro, de la proliferación de insectos extrainstitucionales mafiosos y paramilitares, contra la desarmada sociedad. ¿Que se está defendiendo entonces?, un legado, una ilusión no cumplida, un temor, pero cada vez menos personas tienen respuesta que no sea el miedo a lo peor que siempre puede haberlo.

Las estrategias que han buscado una tercera representación fuera de la polarización, ya sea desde la derecha y la “sociedad civil” que acompañe algunos de sus líderes, o la izquierda chavista que hoy se confronta a Maduro, no han tenido mayor resonancia. Evidentemente el problema no es representativo, la sociedad por mecanismo espontáneo y la vocería de algunos líderes de buenas a primeras no se va a sentir representada, irse a los brazos, en un “otro” alternativo por más verdades que se digan, por más deteriorada que esté la situación, y por más odio que se acumule contra el gobierno y las estructuras gobernantes. La sociedad por ella sola políticamente no produce nada, no va a la búsqueda de nuevas representaciones, por más malas que sean las establecidas, según la clásica lógica de la política burguesa (al menos que se cuente con líderes muy carismáticos acompañados de inmensos aparatos propagandísticos que no es el caso, y si es así de todas maneras no serán sino producto del sucio guerrerismo mediático y las nuevas demagogias que se fabrican desde las redes sociales). A otro nivel imaginado por muchos, la rebelión liberadora no llegará por rezo de los utopistas y el estallido social por sí mismo ya nada tendrá que ver con el 27F, el genocidio comenzará desde el inicio, producido ya no solo desde la fuerza represiva del Estado sino por la violencia incubada dentro de la sociedad y contra ella misma.

Situación de verdad compleja y en cierta medida desesperante por la velocidad en que se deterioran las cosas en todo nivel. Los que apoyaron referenduns de todo tipo, constituyentes aéreas o la necesaria huelga general, o la protesta masiva conducida por esa vanguardia colectiva, se convirtieron en un imposible primero por el extraordinario atrapamiento que representa el chavismo, no del chavista que en su comunidad lo da todo, sino en su lógica desarmante conducida por el gobierno; ni hablar de las bloqueos conductuales miedosos, individualizados y autorepresivos de una clase media casi enteramente ligada a las manipulaciones politiqueras de la oposición.

Es por ello que insistimos en que a estas alturas dada la caótica en que nos encontramos, y lo complejo de la situación política, el punto crucial desde la mirada de ese sujeto emancipador, es la recuperación de la autonomía revolucionaria. Los que quieran reivindiquen de Chávez lo que deseen, hay mucha actitud, políticas y discurso que reivindicar sin duda. Pero él y a continuación el chavismo como orquesta gobernante más que movimiento, han sido, entre otras cosas, unos criminales de la autonomía, sustituida por un estatismo hiperburocrático sostenido en una idolatría histérica y colectivizada que le ha hecho un daño terrible tanto al movimiento popular como al país en su conjunto.

¿Qué puede suponer esa autonomía revolucionaria en estos momentos? Vamos por puntos…

Valores y pensamiento

Elemental premisa que tiene que ver no solo por el tener programas y principios que serán todo menos los intereses de gobierno externo alguno, sino por la capacidad de hacerse de un espíritu libre que pueda ir dando los pasos de una vida libre. Desde una “otra política” necesaria a ese sujeto no tiene el más mínimo sentido la conflictividad política que apunta a la toma del poder del Estado como principio exclusivo de la política misma. En este caso, esa autonomía expande la política y la convierte en acontecimientos vitales, colectivos, de control y autogobierno, aunque sea territorial, hasta donde dé la fuerza y el momento. El poder constituyente que brota desde lo bajo apunta en este caso a una dura pelea de poder con lo que llamamos para sintetizar “la burguesía”, pero que no se queda drogado en la ilusión “para el día en que seré Estado”, sino por el contrario: el día en que comencemos a ser libres e iguales, dentro de los espacios y relaciones materiales que estemos en posibilidad de fabricar, sin contar con más nada que nuestros valores, pensamiento y nuestra fuerza; es una evolución en el orden de una ciencia propia, una episteme práctica que sepa mandar al carajo la teología positivista, y de cualificación colectiva, pero a la vez profundamente cultural y espiritual. De allí al poder y autonomía de esa política no los para nadie. El pensamiento propio no se queda paralizado en teoricismos y dogmas, se hace entusiasmo y deseo, o como dirán algunos escritos difundidos, en un monstruo aterrorizante del poder capitalista.

Organización

¿Será posible revivir la organización irreverente, multiplicadora, que dio pie a los inicios de la revolución bolivariana? Sí, pero jamás será la misma, ya esas organizaciones de hace 20 años, y más atrás, poseían el germen de su mismo desarme, de una autonomía muy mal entendida. Su dispersión grupal trajo consigo su disolución dentro de algo que ya ellas mismas lo estaban incubando a su interno: el cuerpo del caudillismo y las relaciones autocráticas, hasta convertirse en un movimiento popular administrado por la burocracia. Las nuevas síntesis orgánicas tendrán que superar estos atavismo suicidas, propicios a toda forma de corrupción y descarada explotación de sus virtudes políticas por parte por parte del mando superior partidista y autocrático. En un nuevo salto adelante esta tragedia del chavismo tiene que ser superada radicalmente. Consideramos un nuevo espíritu militante fomentado por nuestras juventudes que por un lado se dispersan y diferencian como ventanas creadoras de una gran red social, en movimientos y frentes de resistencia, una verdadera democracia de la calle, pero a la vez se recogen en una o nuevas unidades militantes y estratégicas que centralizan el cuerpo político de esa vanguardia colectiva, garantizando su autonomía y fuerza unitaria. Es la dialéctica entre autonomía, centralidad y contexto horizontal de las luchas reales que nunca supimos resolver.

Prácticas comunales y de gobierno popular

La revolución bolivariana, cuando fue, antes que la mate el Estado-gobierno, llevó consigo tres hermosos horizontes. Un poder comunal libre, territorialmente arraigado y expansivo, el control y producción por la clase obrera sobre nuevas tierras y medios de producción, y el estallido de un proceso popular constituyente que irían partiendo en pedazos los órdenes de captura y dominación amalgamados en el poder constituido e impuestos a la sociedad. Líneas de trabajo que generaron miles de iniciativas y debates, algunas muy efectivas y que todavía se constatan y respiran en pequeños espacios antes que los terminen de aplastar la coerción burocrática, las bandas armadas o la represión de la Guardia Nacional. Todas esas líneas de lucha permanecen absolutamente vigentes, pero es necesario por un lado bajarlas a tierra en lo que algunos llaman una biopolítica ligada al alimento, la salud y la medicina, el derecho a la autodefensa popular, la autogestión productiva y comunicativa. Que no sean solo folklóricos ejemplos de liberación sino verdaderas redes de un poder paralelo, con transporte, capacidad comunicacional y poder mediático, dispositivos de planificación y consenso que funcionan como puntos de partida para la fabricación de sus propios instrumentos institucionales: asambleas y parlamentos propios que van formando una estructura multiplicada de unidades de gobierno popular.

El dilema de la representación

Quizás se trate del asunto aparentemente más inmediato, para muchos único, tanto de izquierda como de derecha, de toda política clásicamente moderna y burguesa: la ficción representativa, la delegación legítima del poder originario de un pueblo en sus representantes, mandos a su vez de la maquinaria del poder constituido. Pero esta apuesta clásica a ser representación política de un pueblo desde la perspectiva de “otra política” es muchos más complejo, cuando de lo que se trata es de borrar del mapa político esta ficción.

¿Pero hay mediaciones posibles o no? Eso no se puede responder dogmáticamente. Cada contexto nacional y local, dentro de un tiempo específico, lo hace necesario o más bien un retroceso. El chavismo en su origen, y Chávez personalmente, resolvieron esta situación de manera violenta, acabando de un día para otro con dos aparatosas y manipuladas asambleas, las alternativas insurreccionales del momento y fomentando un partido electorero, repleto de bachacos de todo orden, con un caudillo al frente, cosa que nos arrastró a todos y todas como movimiento popular. Allí están las semillas de muchos desastres posteriores.

A estas alturas, con un proceso revolucionario totalmente bloqueado, reprimido y descaradamente traicionado desde su interior y desde arriba, aunque no se trate para nada del centro de una estrategia, ni se esté promoviendo “terceras vías electorales”, que son una ilusión ingenua u oportunista de disidencias de lado y lado de la polarización, se necesita resolver la posibilidad de pelear alternativas electorales sobre todo en localidades y regiones donde se haga posible, siendo la dimensión nacional mucho menos importante. Pero esto tiene que ser un “partido” no solo muy amplio y democrático, un vínculo dinámico con la amplia sociedad, mas allá de las luchas y las resistencias militantes, sino limpio de esta maldición del caudillismo y los “petit rellezuelos”, que sirva para revivir la confianza masiva en su misma liberación, hoy prácticamente perdida. El partido representativo es un movimiento más, que desde esta alternativa, es cada vez menos necesario en la medida en que el poder paralelo de base construye sus mecanismos y fuerzas propias de sobrevivencia y expansión.

Las luchas concretas

Finalizando,estas propuestas estratégicas, sostenemos que nos encontramos en una situación tan traumática, política y socialmente, que todo este debate estratégico, como líneas gruesas de un quehacer de reconstrucción de la autonomía revolucionaria, no tiene las más mínima posibilidad de verse crecer y llenarse de realidad, si no hay una disposición de reactivación de las luchas concretas.

Es impresionante, viendo como todas las formas del poder económico, político, militar, paramilitar (pronto transnacional con la apertura de Maduro a este capital) golpean a una población, mientras se impone el silencio y el temor que muchas veces es autoinfundido por el desarme que ha provocado el peor chavismo. Las líneas de lucha que tienen que ver con las carencias: salario, alimento, medicina, trabajo. Las reivindicación de derechos violados por todos lados: de productores, comunidades, condiciones laborales, etc. Hasta la defensa de la vida en un mundo repleto de violencias ladronas hasta las más asesinas y terribles, se ha convertido en una línea de lucha imprescindible, en urgencias que constituyen la condición de cualquier otra posibilidad. más allá de la lucha puntual. Sin este renacer de la voluntad de pelea, de la unidad popular sin mitomanías, reventado todas las mafias que nos ahogan como arañas, todos los puntos previos se nos disuelven en sueños sin piso… dirá el viejo mexicano: pueblo que no lucha y conquista su derecho a ser, jamás construirá su libertad.

 

 

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