Las manifestaciones vacías; el pleito democrático por la apropiación de nuestra tierra

En estos días estábamos hablando del paso dentro del ciclo decadente en que en han puesto a nuestro país del desfalco a la apropiación de la entropía natural que yace sobre nuestros pies, nuestra tierra y subsuelo; su insólita riqueza en tierras de millones de años depurando metales e hidrocarburos, aguas y tierras negras en los bajantes de las montañas. Es la hora ya no de la corrupción y el salir corriendo con los dólares púbicos de la renta petrolera, es hora de los grandes contratos, de la venta del territorio, del mandato explícito de los grandes vendedores baratos de toda nuestra soberanía.

Los pueblos desde una sociedad que “nada ve”, donde el acontecimiento político es una veta que como comprobamos en el mundo entero, es la desesperación por encontrarse un hilo de visión posible que nos permita entender cómo está organizado y dominado un mundo donde todo el soporte material e inmaterial que lo sostiene se esconde a través de la sociedad de mercado capitalista. Donde la producción donde todos obramos esta escondido entre islas privatizadas y escondidas tras la propiedad de una minoría gozosa de su riqueza. Un sistema, que más que cruel, es de ceguera inducida, calculada, comunicada, legitimada, legalizada, teologizada, en cada paso que dan para poder contener a la sociedad ciega, implica uno tras otro mecanismo estratégico de hundimiento en esta ceguera, que nadie sepa cómo se domina y quién domina en este mundo, muy distinto a los mundos esclavistas y feudales donde el amo estaba allí, perfectamente visible aunque adorado como Dios en el mundo.

En estos días corre de nuevo la rabia colectiva. En esta semana muchachxs se enfrentan a policías con valentía pero sin tener la más mínima idea de por qué. Una supuesta dictadura sobre su cabeza se convierte en una razón de ciegos y donde sus manos son su canal. La agresividad de los lenguajes contra Venezuela (y digamos Venezuela porque así está organizado el mundo entre Estados-naciones) contra los que nos toca mirarnos la cara entre metros y camionetas, lugares de trabajo y comidas, y que nos llamamos venezolanxs, es absolutamente insólito, una batería internacional instalada desde la OEA hasta Europa queriendo demoler lo que queda de una casta mandataria completamente debilitada desde adentro. Como insólita la absurda respuesta de un gobierno nacional que pretende representar a la sociedad en una torpísima medida por imponer una tontería de dictadura burocrática desde el TSJ, sin el apoyo de nadie solo de sus propias fantasías de poder y legitimidad perdida.

¿Por qué si todo va en buen camino, habrá elecciones y los nuevos aparatos políticos, azules, blancos, amarillos, y antirrojitos habrán de prepararse para tomar el poder, este gobierno moribundo y repudiado ya casi que lo admite?

Si a ver vamos el gran problema de la resolución del TSJ respecto a la disolución de facto y anticonstitucional de la Asamblea Nacional, tenía un problema de fondo. En su apartado 157, si no me equivoco, una cuña rarísima se colaba en ella, dándole al presidente de la república, porque les dio la gana, la potestad de formar empresas mixtas dentro de PDVSA, y cuidado si a PDVSA misma. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Pues este es el asunto de fondo.

Nada en este país, con el olor a “lucha democrática”, a “resolución revolucionaria y patriótica” por el otro lado, como buena sociedad del mercado privatizado y escondida, se hará sin aclarar los formularios de cómo una “sociedad decente” (típico lenguaje de una derecha fastidiosísima) ofrendará al amo mundial su territorio cruzado por esa entropía natural (ese desorden de riquezas absolutamente anhelado). PDVSA es prácticamente una empresa quebrada en su interno, momento perfecto para hacer de ella el primer dispositivo para cerrar todo el capítulo histórico desde donde una burguesía de Estado, junto a la oligarquía, intentó hacer público el canal principal de riqueza bajo su dominio. La “res-pública” pasa a convertirse en una lucha endemoniada por el control privado de los mecanismos, normas y contratos a través de los cuales se venderá nuestro territorio. Sobre este “programa común” entre chavistas y escuálidos se abre su bestial lucha por el poder de quién maneja este programa en el futuro inmediato.

Nicolás como presidente quiso adelantarse a esta situación. Desde el patriotismo y el soberanismo como lenguaje apropiado a una situación de presión gorilezca internacional, el hoy presidente ha querido usar este mecanismo para imponer los intereses propios de una burocracia hecha archimillonaria, sus relaciones y empresas específicas de relación, en esta jugada de entrega. Eso es imposible, digno de tumbar a un gobierno, tratándose del mundo entero atento a quién es en definitiva quien maneja este futuro.

La democracia, como en toda estas sociedades donde nadie sabe ni siquiera cómo llegamos a comprar un kilo de arroz, de dónde viene y quién gana con ello, dónde se produce, simplemente lo comemos en el mejor de los casos, en este asunto les sirve de discurso histérico a toda la supertructura política que de lado y lado se matan por ella. Un lado desde el lenguaje institucionalista, conservador, y el otro desde el soberanismo y la patria. Pero en ningún momento se pone en claro los grandes intereses que aquí se juegan. Desgraciadamente si algo avanzamos con el periodo chavista en el cometido de transparentar el poder, aunque sea en su denuncia, en los últimos tiempos del chavismo sin Chávez se vuelve a oscurecer todo de manera insólita, lo cual ha debilitado a un movimiento revolucionario que ya no sabe ni que defiende a parte de sus intereses de tribu.

Bravo para quien tenga toda la valentía estos días para enfrentar los mecanismos represivos que se han impuesto para sostener esta oscuridad. Bravo por quien lucha por la libertad y el derecho de todos. Abajo a los vendidos que se ofrecen a tal nivel de descaro a estos juegos internacionales donde nos vuelven asuntos de sus cuentas bancarias. Operaciones donde vuelve a repetirse de manera verdaderamente descarada nuestra condición colonial y jamás igualitaria en el mundo entero. Bravo por las pedradas bien lanzadas por muchachos dispersos antipartido y antimud aunque en sus manifestaciones, porque allí hay una cuota de rabia que es necesaria extenderla a toda la sociedad no solo a estos mundillos de clase media atosigada por las carencias y todos los días más temerosa de hundirse en la pobrecía.

Pero que nadie se engañe, aquí no se están discutiendo los derechos democráticos de ningún pueblo, mucho menos de parte de una dirigencia opositora cuyo imaginario no ha salido de la plaza Altamira y la cuevas gusaneras de Miami. Es una patraña entre grupos enfrentados que ahora se confrontan en formas definitivas, correlaciones de fuerzas puras que parecen tener la intención de golpe definitivo, por la torpeza de un gobierno de darles todos los argumentos para activar un eco internacional de repudio y una calle que lo insulta como nunca.

Nuestra soberanía es concreta no legalista y se pelea desde los lugares del trabajador, del profesional, del barrio y el campesino. Es la soberanía sobre nuestra tierra, es nuestro derecho a quererlo todo sobre ella, a ser su protector y amante. Si el movimiento revolucionario no aclara esto, no se da cuenta la inmensa ayuda que significó la declaración dada por la Fiscal Luisa Ortega, en contra de TODA la resolución del TSJ, y no solo sus apartes “antidemocráticos”, desde el punto de vista de una estrategia de liberación no estamos discutiendo nada, sirviéndole a un listado de transnacionales y oligarcas que mientras tanto esperan quien se va a quedar con el “coroto” para terminar barato y por compra directa, apropiándose de lo que es nuestro.

 

 

Deja tu comentario