Nota: El dilema venezolano

Por Roland Denis

 

Siempre me pregunté cuál era la razón de que al ritmo al que progresaba un caudillo al frente del Estado, la emoción colectiva se juntaba a él, al mismo tiempo que reportes y reportes no solo de corrupción sino de destrucción empezaban a abundar por doquier.

Era el juego de la fantasía contra la realidad. De hecho creo que si una síntesis le cabe al chavismo y a su creador es el dilema entre ambas esferas: cómo una se agranda hasta tomar dimensiones internacionales, mientras la realidad viva y concreta se va deteriorando, corrompiendo, haciéndose imposible, evidente. Por allí lo llaman excremento del rentismo.

Preferimos el giro de la fantasía, de hecho quienes hemos respaldado sueños emancipatorios estamos acostumbrados a vivir desde una ilusión del nunca será, pero siempre estaremos en ella. De esa forma, cualquier cosa nos pueden decir respecto a los hechos, los datos, por ejemplo el mil por ciento de inflación que hoy vivimos y que lo determina todo, hasta las guarimbas y las mortandades de jóvenes que se creen héroes en una lucha por la cual nada saben, y ya cerca de un centenar han muerto, sin que tengamos conocimiento real de nada, de hecho hasta la fiscalía la desaparecieron. Pero asimismo, ninguna discusión política se ubica dentro de la consistencia real desde la cual vivimos o sobrevivimos.

El dilema es vivir en una fantasía infinita para cual siempre nos prestaremos. Unos, por una democracia maravillosa y rescatada por seres que no son capaces de articular tres ideas más allá de “abajo Maduro”, otros, por una constituyente que es el caramelo preferido del chavismo, hija de una cultura leguleya, del opus dei católico, llena de leyes y constituciones que nadie acata pero todos imploran y que hoy a nadie le interesa.

El dilema es entonces cómo salimos de un piso falso, que creó seres falsos, que nos generó una política absurda que ni siquiera a estos niveles de podredumbre es capaz de fijarse en ella.

Podríamos en los próximos días aproximarnos a un clima de guerra civil respaldado por facciones cada una apoyadas por enormes intereses nacionales y extraños, esperando a quien logre ser el más fuerte para cumplir una negociación perfecta respecto a la explotación de recursos que probablemente ningún país en el mundo tenga.

La jugada de la fantasía ya está hecha. Nos manejaron desde ella y aún hoy nos matamos en ella, mientras la nación y el pueblo real se hacen todos los días más débiles, mirando paramilitares que penetran fronteras, barrios y hacen el golpe que son incapaces de hacer o quedando ante guardias y bandas armadas que les permitan sobrevivir en el sueño de mañana de tener el monopolio de los recursos alimentarios, de vivienda de créditos, de dólares.

El plan dilemático está llegando a sus fines. Realmente nos dejaron desnudos y pasarán años hasta terminar de entender y visualizar quiénes fueron los operadores de todo esto. El pueblo real no encuentra cómo defenderse mientras lo más reaccionario de esa fantasía nos va comiendo y comiéndose completamente las últimas gotas de identidad tierra y negra que nos ha hecho felices… Tomemos el bote del pescador que al menos con él no hay fantasía, que valga que la ilusión de un mero delicioso que sobre la playa, en arena real nos lo comemos divino. Pongamos allí en esa fogata deliciosa al enemigo fantasioso, a la quiebra imperialista que sobre las olas empezaremos de nuevo…

 

 

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