Notas al Margen 3: ¿De quién se trata cuando hablamos de una conspiración histórica?

Primero que todo: ¿Cuándo hablamos de conspiración a qué nos referimos?

No es la conspiración cuya permanente acusación ya parece propaganda de farándula; la conspiración de la derecha goda. Claro, en un país como el nuestro, siempre la conspiración oligárquica está latente. De hecho es una realidad que desde el siglo XIX no hemos podido superar, precisamente por todas las debilidades nacionales y en la medida en que en cada etapa de gobierno, o de cada régimen en curso, siempre tendrá metida la mano de una clase que parasitariamente garantiza su reproducción colonial.

Conspiraciones que en el caso de Brasil por ejemplo, de Honduras y Paraguay, recordando el viejo caso del 11 de Abril por acá y los intentos en Ecuador y Bolivia hace seis y ocho años, siempre están latentes. Son parte de la idiosincrasia política de nuestras oligarquías, algunas con éxito otras no. Lo de Brasil y el golpe parlamentario contra Dilma, dada la degradación burocrática y derechista del PT, y donde sí están metidas las manos de la socialdemocracia global en esta deformación burocrática e ideológica, al igual que acá como veremos, ha sido su trofeo mayor en décadas y que cambia toda la geopolítica continental. Pero aquí esto ya no les funciona dado el plan absorbente de todo el marco institucional de Estado que se elaboró después de los golpes del 2002 y sobretodo de la institución militar. Diríamos en nuestro caso que esa misma conspiración de todas formas sigue latente pero se juega fundamentalmente desde dentro. No se conspira en sí contra el gobierno; se ejerció de facto contra una revolución que buscó hacerse gobierno y a los años se entendió que solo desde ese mismo gobierno-Estado podía ser al menos neutralizada. Y como ya vimos en las anteriores entregas -el dónde y cómo de esta paralización del proceso transformador-, eso está funcionando perfectamente.

Tampoco, mucho menos, estamos hablando de las pequeñas y traidoras conspiraciones internas. Eso es el pan de todos los días entre las peleas tribales entre grupos de poder, tomando en cuenta que estos estados nunca dejaron de estar asentados sobre una historia preestatal, ligada a los caudillos y los jefes de grupos que se internan en el Estado, sin ninguna visión nacional sino de tribu saqueadora y secuestradora. Por supuesto le serán muy importantes a la conspiración de fondo ya que se trata de los sectores más fácilmente sobornables y corruptos aguardando su momento y lleguen los contactos pertinentes a sus intereses tribales.

Ni siquiera estamos hablando de esa otra conspiración que ya tiene una lógica planetaria y es la de los servicios secretos del “imperio” (NSA, CIA, Departamento de Estado, MOSAD, inteligencias europeas, y sus respectivas franquicias a través de agencias, ONG’s, personajes infiltrados dentro de los estratos del poder, integración de estas con las compañías transnacionales, medios de comunicación, partidos, estructuras militares, gerencias de Estado, etc.). Ese es otro capítulo, más tradicional dentro de la denuncia de izquierda e importante de ubicar, y que ahora suelen identificarlo en el espacio de las guerras de “cuarta generación”.

Pero no es este caso lo que quisiéramos empezar a develar, no porque lo desestimemos sino porque se trata de algo que permanente esta mostrándose y no soy el más especialista al respecto; no participo del aparato de contraespionaje interno si algo aún existe al respecto, veo como simplemente el imperialismo sigue siendo quien es. Lo que sí estamos seguros es de la conexión de esta “inteligencia imperial” con los ejes conspirativos internos que trataremos, como aparatos globales de poder de orden político y geoestratégico. Muy interesante la manera en que se utilizan todas las perspectivas de estas nuevas teorías de la guerra, pero a través de agentes que no son la IV Flota norteamericana, o las bases militares continentales, sino las redes geopolíticas que se han venido configurando en el mundo, sobretodo después de la caída de la URSS, y la imposición del proyecto unipolar de dominio.

El punto que nos interesa es tan solo una hipótesis, quizás una larga intuición que hemos venido corroborando y que permite comprender mucho mejor en qué medida la acción política internacional juega con nosotros o se va internando hasta convertirse en una directriz que toma la fuerza de los eventos liberadores frente a los cuales están supuestamente alineados para revertirlos por completo o simplemente descomponer por completo el “agua al pez” donde se fabrica y reproduce la voluntad revolucionaria, siguiendo las tradicionales directrices contrainsurgentes. Es decir, nos interesa la conspiración política de fondo a través de las “CONEXIONES” como puntos de intersección de intereses globales con expresiones políticas e ideológicas concretas, y que en su conjunto actúan como grandes hilos nerviosos por donde se anima la contrarrevolución mundial, utilizando cerebros políticos, militares e intelectuales que juegan su partida –la mayoría totalmente conscientes, otros hasta de “buena fe izquierdista, o nacionalista, o liberal-democrática”–.

No nos interesa el juicio ético-político por sí mismo ni la reafirmación de nuestro dogma político propio, sino el papel de cada quien en una historia que se quiso libertaria pero encerrada dentro de una “entropía natural” que hace de este territorio la gula del mundo, no solo de burócratas y parásitos empresariales nacionales, sino de los agentes presentes en esa “otra guerra” de orden estrictamente político por medio de agentes que conforman sus grandes tendencias mundiales.

En este caso solo dejaremos señalado las que son a nuestro parecer las conexiones más importantes y sobre qué personajes de mando político recae su acción, o más bien, el efecto final de una acción que comienza siendo o simplemente un trabajo de subversión interna hacia el gobierno o hacia la nación venezolana y su población que luego se extiende hacia la difusión de la violencia y el paramilitarismo, como es el caso de lo que llamamos la “Conexión Uribe”, o por los efectos de una nefasta política gestada desde Miraflores la “Conexión francesa-española”, que busca, entre choques interglobales, la hegemonía política occidental de una izquierda que hereda la influencia pero también todo el revisionismo y el desarme mundial revolucionario que jugó en sus últimas décadas la URSS, posiblemente desde la revolución española en los años treinta.

Cada “conexión” hace su historia dentro la lucha hegemónica mundial y está ligada a su controversia geopolítica. Pero que se entienda, no es nuestro centro la geopolítica por ella misma que es solo un instrumento de compresión de correlaciones de fuerza a cualquier nivel territorial desde lo más global hasta lo más local, nos interesa su papel propiamente conspirativo, es decir, su capacidad de desmembramiento de la potencia transformadora que genera un acontecimiento revolucionario como verdad, deseo e identidad colectiva conquistada en la lucha victoriosa. Es su capacidad por tanto de neutralización, des-integración, des-organización, caotización, saboteo, y sobretodo de prefiguración de los escenarios finales de manera de poner fin al peligro que supone la subversión liberadora de un orden, utilizando las mismas debilidades de una historia de emancipación, y hasta sus mismos lenguajes.

¿Cómo lo hacen, como se van tejiendo los hilos internos , sus personajes, sus modos de articulación con los grandes centros de dominio mundial?, es todavía una larga investigación que sugiero hacerla entre muchxs. El poder es una relación de fuerza, no una cosa, por tanto son muchas las relaciones, personajes, entes nacionales e internacionales, que habrá que seguir develando y descubriendo. Lo único que podemos avanzar hasta los momentos es la identificación de los grandes hilos por donde consideramos se han movido esos agentes globales a nivel nacional.

Pero antes de ubicarlos dejemos algo en claro, que el objetivo de esa conspiración, una vez derrotada la conspiración de principios del siglo XXI, es el quiebre completo de la base material y las consistencias sociales que son bases fundamentales de una subjetividad colectiva dispuesta a dar la pelea libertaria. ¿Quiénes y cómo han ejercido su labor de destrucción?, de eso se tratan los artículos anteriores (Notas al margen 1: Los juegos de la guerra conspirativa interna y Notas al margen 2: Los juegos de hambre que concluyen la conspiración). Quebrar por completo a un país no es solo un problema de solvencia y cartera presupuestaria, es su derrota como pequeño centro de des-orden y subversión de un orden mundial consolidado, hasta llevarlo a las condiciones que hoy se evidencian, tener que venderse al mejor postor. ¿De quiénes se trata, hasta donde nos llega la mirada?

Trabajaremos esas dos grandes conexiones principales que han provocado un verdadero desastre y una tercera que aún no entra a nuestro criterio en la historia de esta larga conspiración pero se abre como una fuerza enigmática en la lucha hegemónica y geopolítica mundial que es lo que llamaremos la “Conexión Putin” en el renacer del neoconservadurismo mundial.

La conexión francesa-española

En nuestro caso, esta es la más interesante e intrincada esfera de conspiración, un verdadero cerebro que desde el lenguaje y las intenciones del bien va atando todos los juegos de la muerte. Es una “conexión” porque se trata de un tejido de elementos -personajes, universidades, asociaciones, intelectuales y burócratas- conectados y cada vez más influyentes desde muy temprano con las esferas de gobierno, particularmente el venezolano. Sujetos que se identifican con la izquierda histórica, que no provoca hechos directamente conspirativos sino efectos completamente neutralizadores de todo el propósito de liberación planteado, engendradas dentro del originario gobierno revolucionario o directamente desde el movimiento popular. Es un lagarto que se va comiendo desde dentro la vitalidad de una revolución, le quita potencia, la desactiva, ayuda a crear políticas absolutamente absurdas y destructivas, evita la consolidación de todo pensamiento propio, hasta provocar la imposición de políticas que son un verdadero suicidio a la hora de destrabar los males estructurales de un país como el nuestro.

En otras palabras, su fuerza maligna, su capacidad conspirativa, se juega en el orden de los diseños programáticos y las estrategias transformadoras. Conexión experta en el estrangulamiento e implosión de procesos a partir de sus propias fuerzas (trabajo emprendido en el caso de Europa por ejemplo con el partido Podemos en España que se hace “representante” y a la vez desfigura y neutraliza la insurrección de los “indignados”, o el partido Syriza en Grecia que termina quitándole toda potencia al movimiento obrero-popular de insurrección contra la Troika europea), utilizando lenguajes e intencionalidades que a veces deslumbran por su radicalismo y lenguaje anticapitalista. Se trata en definitiva de agentes que se mueven dentro de la palabra, la estrategia y básicamente el pensamiento conjunto de un proceso de liberación. Papel que tan bien han sabido jugar históricamente las más arraigadas cofradías de dominio, desde los sacerdotes que nacen con los reinados sumerios y egipcios, las cofradías de la cábala judaica, la masonería, los jesuitas, etc. Son los nuevos sacerdotes de la opresión en su versión progresiva, en contacto sin duda con todo lo que queda  de esta ancestral manipulación enmascarada entre órdenes y religiones.

La ubicamos en sus ramales franceses y españolas por la temprana inserción de los agentes de la socialdemocracia de izquierda latino-europea que pronto entraron en los pasillos de gobierno y Miraflores hasta hoy y pronto supieron hacerse de un universo de aliados internos que terminaron produciendo un polo fortísimo de poder que utilizó básicamente la cancillería de la República como escenario conspirativo y finalmente a Nicolás Maduro como candidato propio (¿a conciencia de él?, ni idea, pero pieza central del equipo sin duda) que supieron ayudar a convertirlo en el hoy presidente.

¿De dónde viene su fuerza? Está muy ligada con la historia de la caída de la URSS y de quien son los herederos de este inmenso imperio con una influencia enorme dentro y fuera de lo que fue el “campo socialista”. Una vez caída la URSS, las secciones más de izquierda de la socialdemocracia europea se convierten en herederas directas de sus esferas de influencia política, en general dentro de una izquierda que se mantuvo atada al revisionismo soviético, más allá de los naturales partidos comunistas, sino dentro de movimientos y formaciones izquierdistas que buscaron polos sustitutos de referencia. Su llegada y sustitución de influencia en Nuestra América se da a través de Cuba que, por su lado, utiliza sus canales para influir dentro de los mandos conservadores de la socialdemocracia cada vez más cercana al neoliberalismo hegemónico en los años 90 pero decisiva en múltiples sitios de gobierno, y de esa manera salvar una revolución y un Estado de corte netamente stalinista que se desmoronaba si no fuese con la ayuda de gobiernos socialdemócratas europeos básicamente. Cuba le sirve de puente (un personaje como Ramonet, su cercanía a Fidel y su influencia a través de “Le Monde Diplomatique”, es pieza clave desde un inicio) para entrar en todo el laberinto de sujetos de izquierda cercanos a Cuba y sobretodo al naciente gobierno bolivariano de Chávez a principios de los años 2000.

La impresionante atadura que aún se mantiene por razones históricas, de la izquierda genérica a la dirección del Partido Comunista Cubano en nuestro continente, sin duda moldeó un criterio geopolítico de apoyo al proceso venezolano como era de esperarse, pero con dos condiciones básicas: actitud absolutamente acrítica y criminalizante de quien la ejerza desde el campo de izquierda. Y luego, el moldeo de una programática de gobierno cada vez más alejada a las fuentes propias y libertarias de pensamiento y el regreso a la direccionalidad burocrático-corporativa que en Venezuela funciona a la perfección. Al contrario de países como Bolivia que logra salvarse en gran parte de esta veta mortal, manteniendo los hilos nacional-obrero-indígena de su búsqueda y estrategia propia, aún con todas las deformaciones burocráticas que todo Estado produce.

Integrada mundialmente a personajes como el economista de izquierda Igor Pigasse (que sirve de “gurú intelectual” en este caso, nuevo director de Le Monde Diplomatique), a su vez personaje muy cercano a Dominique Strauss Khan, quien por poco termina siendo quien presida el FMI o incluso candidato del Partido Socialista Francés a la presidencia, públicamente asociado al proyecto sionista israelí. Las relaciones entre esta conexión y el proyecto hegemónico occidental, en su versión “socialista” (el marxismo que terminó siendo una pieza clave en el proyecto de la modernidad capitalista por tomarle prestadas al líder kurdo Öcalan), se van haciendo cada vez mas evidentes.

Grupos como el de “Boston” integrado por sujetos del “liberal” norteamericano y donde han participado conocidos “chavistas” como Cilia Flores o Calixto Ortega o centros como el CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica), personajes propios como Temir Porras en su relación con los agentes franceses internados en la cancillería desde hace años (inventor de una visión “pragmática” de la línea de gobierno más empobrecedora del planeta) y su relación y la integración de todos estos asistentes españoles a Miraflores , muchos venidos de la Universidad Complutense y viejas militancias en el PSOE, en definitiva ¿para qué sirven?: para darle forma y luego del mal hecho, buscar de la manera hasta cínica de convertir el desastre en un paraíso, sembrar de argumentos absurdos la realidad de un país que perdió -por ahora- todas las todas posibilidades materiales y subjetivas de emancipación integral frente al despotismo imperial global y la opresión endógena que subsiste entre nosotros.

El puente más interesante a descubrir son en último término las relaciones no solo con la socialdemocracia europea, sino con el proyecto del “alargement” (Alian Joxe 2009), el expansionismo caotizante y la guerra permanente, sintetizados en las figuras de Obama-Clinton del partido demócrata y sus hilos internacionales. Son líneas que en lo concreto habrían de investigarse, pero que ahora, en el enfrentamiento con la sorpresa de la victoria de Trump, se van haciendo más claras. Vemos como se van pegando estos proyectos al enclave de los “liberals” norteamericano-socialdemocracia europea-la redes y escenarios asociativos de difusión de un reformismo fragmentario, impotente, herramienta de profundización de las brechas de desigualdad entre el norte y el sur del planeta. En definitiva, grandes fábricas político-ideológicas al servicio en última instancia del capitalismo financiero más agresivo (¿qué hacen tipos como Soros, y detrás los grandes dueños de la Reserva Federal de EEUU, los clanes Rockefeller y Rothschild, sosteniendo esta versión de los “liberals” gringos actualmente). La relación de esto con la formación de la “modernidad líquida” (desalmada, virtualizada, hecha dinero y crédito) denunciada por Bauman es muy interesante, pero no es el punto.

Quizás su controversia no resuelta reside en el problema de cómo abordar la soberanía de los Estados estando los europeos en una posición de desventaja estratégica y minoría absoluta frente al complejo militar-industrial norteamericano y su expansión por el mundo. La “izquierda” allí juega a la soberanía mientras que el resto de la social-democracia va desintegrando posiciones, como lo prueba frente a los hechos en el Medio Oriente y el claro apoyo que le ha dado al sionismo y bajo cuerda a la Yihad islámica. La actual controversia de Venezuela con la OEA, la asquerosa posición de la oposición en conjunto con Almagro (hombre criado en esta izquierda reformista uruguaya) es otro ejemplo de una dimensión para nada resuelta. Aquí la coincidencia estratégica en última instancia choca con los intereses del hegemonismo europeísta con el uni-imperialismo norteamericano.

Para cerrar el punto hasta ahora de esta “Conexión”, sintetizaríamos la labor conspirativa y contrarevolucionaria de esta compleja red como una estrategia del “des-valor” del campo de las infrestructuras que quedan despedazas en la corrupción del paso de un Estado corporativo-burocrático a un Estado virtualmente mafioso, desbaratando sus instituciones propias incluidas las FAB. En el campo de la moneda donde utilizan intelectuales para darle hasta sentido revolucionario -¡que genios macabros!- a la desvalorización total de la moneda y por encima de todo de la capacidad autovalorizante que tenga la clase trabajadora en sus luchas por reivindicar el valor de su trabajo, la cual queda atrapada en una espiral inflacionaria que hace imposible la búsqueda al menos de un sueldo justo. Algo que está en su agenda o no los enlaza con la “Conexión Uribe”, cuya estrategia también podríamos sintetizar como el llevar las realidades al total des-valor de la nación y de la vida colectiva.

La Conexión Uribe

Tomamos el título de “Uribe” para esta Conexión por tratarse de uno de los representantes más claros de un proyecto imperial que desborda la tradicional estrategia de intervención de los Estados y las economías de los países para transformarse en una intervención directa sobre las poblaciones que necesitan ser debilitadas como naciones y como colectividades, mucho más si se trata de un pueblo en lucha. Dentro de nuestro país ha jugado el papel de un complemento perfecto al proyecto hegemónico y burocrático disolvente que han jugado los agentes de la socialdemocracia europea aunque aparentemente se trata de enemigos declarados en el campo político-ideológico.

Viendo su papel dentro del conjunto continental, el proyecto “Uribe” en Colombia, el cual logra situar al capital mafioso y las formaciones paramilitares a nivel de gobierno, rápidamente se transforma en un modelo indirecto de intervención violenta sobre naciones en conflicto y cuyos gobiernos chocan por una razón u otra con las geoestrategias imperiales. La  situación vivida luego de la “primavera árabe” en el medio oriente y la introducción de la yihad islamista como forma de quiebre no solo de las naciones y sus Estados sino de toda posibilidad liberadora a su interno, tiene su contrapartida en nuestro continente y sobretodo en el área de México, Centroamérica, norte de Suramérica y grandes zonas de marginalidad urbana en Brasil, en este modelo violento de la derecha más recalcitrante que sintetiza la figura de Uribe. Por supuesto las potencias imperiales aquí corren el mismo riesgo de la que ha pasado con el terrorismo islámico donde el caos y la violencia inducida luego tiende a devolverse contra ellos mismos, en nuestro caso en la formación de monstruosos carteles mafiosos que van convirtiéndose en poderes independientes. Es el riesgo calculado pero no controlado de un imperialismo postguerra fría completamente alocado.

Su afloramiento y multiplicación con cada vez más fuerza en nuestro continente de formas de “paraestados”, ligados a todas las formas del tráfico de narcóticos, tráfico de blancas como llaman, de órganos, blanqueo de dineros, pero además en nuestro caso de la mercancía proveniente del suelo, el subsuelo y el comercio en general que llevan a los mercados internacionales, no es solo una realidad que se extiende sobre nuestro territorio, sino el complemento de un plan conspirativo cuyo objetivo no es el de penetrar y dominar las estrategias de un gobierno, no es burocrático como el anterior, sino de penetrar la sociedad y descomponer sus organizaciones propias, públicas y no públicas, además de órganos de seguridad e inteligencia, agentes de las fuerzas armadas pero directamente en la relación de estos con los espacios sociales donde se desplaza. Es la creación forzada de una situación que tiende a la degradación bárbara y violenta del todo social por lo que supone desde el punto de vista de la acumulación bélica en manos de sujetos criminales, utilizando las mismas debilidades y pobrezas acumuladas por siglos de colonialismo y opresión imperial sobre nuestras naciones.

En su conjunto se trata de un cerco estratégico de violencia sobre la población a través de personas que hacen parte de ella y se multiplican cada vez más como hierba mala incontenible. Esto la debilita desde todo punto de vista, destruye su sentimiento de identidad, posibilidades de comunitarismo, organización autogobernante y capacidad productiva, conspirando deliberadamente contra cualquier manifestación auténtica del proyecto transformador y justiciero.

La “Conexión Uribe” si la vemos desde el punto de vista material, no es más que un derivado directo de la misma dinámica de un capitalismo dominado por los códigos delirantes de la acumulación financiera. La ganancia D-D’-D’’ presagiada por Marx, abre tal cantidad de posibilidades a un movimiento de capitales desorbitado y sin control, sin tiempo ni espacio establecido, movidos por una banca que descubre todos los días nuevas zonas de burla de cualquier control legal a su actividad, y que en cualquier momento iba a transformarse en una estrategia de dominio político más allá de los intereses económicos que allí se mueven.

Habría que ver cuál es el cerebro final de todo esto, ese cerebro final malvado que los rebeldes descubren en la película de los “Juegos del hambre” donde prácticamente entramos en dimensiones esotéricas y milenaristas del dominio, al menos hasta que terminemos de entender el origen y la lógica final de estas grandes  conexiones de dominio. Pero en todo caso nuestra tesis, y allí lo macabro de todo esto, es que hubiese sido imposible conspirar a tal nivel sin este complemento directamente violento sobre la sociedad a partir de sus mismas debilidades y los efectos sociales que trate la disolvencia “por arriba” del proyecto de construcción y transformación revolucionaria.

La tesis esgrimida por la izquierda de que es el modelo del “Plan Colombia” el que va introduciendo todo el paramilitarismo y a la vez arma el contexto militar-estratégico dentro de Colombia (bases militares norteamericanas, estrategias contrainsurgentes) para contener la revolución popular que empieza en Venezuela a comienzos de los años 2000, es correcta y muchas veces explicado, pero tiene como defecto el tratamiento de tal estrategia como si se tratase de un plan aislado, dedicado a la realidad que en Venezuela se abre para esos años. Ciertamente el “plan” como tal se centra en Colombia y Venezuela, pero el paso de Uribe es el de haberlo integrado a un modelo mucho mayor de poder paraestatal, que Santos ahora trata de contener y a la vez continuar desde una visión mucho mas “aristocrática” del mismo (fue al fin y al cabo uno de sus creadores como ministro de defensa de Uribe). La formación de los paraestados es un hecho en expansión en Nuestramérica como mecanismo de fragmentación nacional y formación de nuevos dispositivos de poder criminales totalmente disfuncionales y antagónicos frente a toda expresión soberanía de los pueblos.

Ahora, ¿de dónde se sostiene esta red nacionalmente?. Obviamente se trata de la conexiones hechas en primer lugar con todos los agentes de una ultraderecha interna, conectada a su vez con los polos más influyentes del campo más reaccionario norteamericano como es el caso del universo político que gira alrededor de los Bush, el senador Marcos Rubio, etc. Todo ello en conexión con el uribismo colombiano y el campo conspirativo que se ha formado luego de los golpes exitosos en Honduras y Paraguay, y que prosiguen en Brasil hasta ganar un gran poder con la victoria de Macri en Argentina. Las “guarimbas” del año 2015, pusieron en claro su unidad estratégica, siendo para entonces una manifestación violenta de calle que intentaba inaugurar la contraofensiva reaccionaria en Venezuela, habiendo hecho su parte la socialdemocracia europea en el debilitamiento absoluto del proyecto revolucionario y todo el campo institucional civil y militar. La torpeza y completo alejamiento de estas manifestaciones del campo popular las hicieron sucumbir por completo, pero ayudaron a crear la imagen de martirio de sus héroes sociales estudiantiles y la creación del “mártir mayor” Leopoldo López, lo que les permite crear un liderazgo sólido y presidenciable dentro de la derecha.

Toda esta situación ha sido perfectamente aclarada por todas las denuncias hechas, ahora, insistimos, no se trata tan solo de “ultraderechas” neoliberales que hace su parte como factores tradicionales y más apegados al juego hegemónico de los EEUU sobre nosotros. Se trata de hace al menos diez años de una avanzada caotizante y violentista donde estos factores políticos combinan fuerzas y estrategias comunes en función del control territorial y la aspiración de todas las fuerzas de Estado y organizaciones sociales (incluidos por ejemplo muchos “colectivos” que se mientan revolucionarios en nuestro país, o el caso de los famosos “sindicatos” en Bolívar impulsados por Rangel Gómez, verdaderas maquinarias de la guerra paramilitar al modelo Uribe de las cooperativas de autodefensa) dentro de esta estrategia de descomposición de la autoorganización, la identidad, la unidad y la colaboración poblacional.

Describir y descubrir todos estos intrinquicados vínculos de tal “Conexión”, es una tarea compleja, que en el caso del gobierno chavista solo ha utilizado como propaganda contra la oposición y la avanzada de fuerzas represivas terribles como es el caso de las OLP’s,  pero en ningún momento ha hecho un desmontaje y una guerra a fondo con verdadero sentido de defensa revolucionaria contra este fenómeno dada la cantidad de personeros suyos, militares y civiles de altos cargos y medianos cargos, líderes nacionales y regionales del PSUV, gobernadores, alcaldes, altos funcionarios, que por igual han sido absorbidas por estas fuerzas casi demoníacas. Esto es parte de todas las tareas autodestructivas que estas conexiones han trabajado junto a sus respectivos agentes “revolucionarios” y “protofascistas”.

No podemos dejar de lado que esto se combina con fuerzas mucho más sutiles que hablan desde su lado “bueno y religiosos”; como todo hegemonismo tiene que presentar el paleativo de su cara buena y moral. Nos referimos en nuestro caso a sus vínculos explícitos con sectores de la iglesia católica en sus cúpulas nacionales y regionales como sectores de la derecha jesuítica que desde la UCAB, trazaron toda una estrategia para la formación de una juventud realmente comprometida con el legado colonial-liberal que estos promulgan. Pero los más importantes y peligrosos factores que realmente han metido la mano dentro de las comunidades pobres en un mega diseño continental, trazado desde los años 80 por el grupo Santo Domingo, es la agresiva entrada del evangelismo más fundamentalista, propio de una devoción sumisa que en algunos casos empiezan a ser determinantes en el fortalecimiento incluso electoral de los factores más derechistas que en muchos casos voltean las correlaciones de fuerzas tanto militares como políticas, como el caso Brasil y su influencia dentro de las grandes favelas. Ese diseño esta operando en Venezuela creando verdaderas estructuras de mucho poder y capacidad manipulante de juventudes como es el caso del Grupo Maranata, comandados por jefes aquí, en Brasil y EEUU, algunos de ellos ya denunciados por sus vínculos con el lavado de dinero y el capital bancario. Una verdadera maquinaria fundamentalista que poco a poco repite con otros métodos y estrategias la experiencia del fundamentalismo islámico.

Podríamos, y es la tarea, seguir descubriendo y aclarando las redes de esta Conexión terrible. Se trata en definitiva de una hiedra que va extendiéndose bajo una lógica que como aclaramos en el caso de la anterior Conexión socialdemócrata no es burocrática, signada por el viejo modelo de los socialismos de Estado, sino viral y terriblemente autoritaria y déspota, de acuerdo al modelo genérico neoliberal, virtual y desterritorializada, donde se impone sin miramientos de derecho la lógica del más fuerte. Actúan como un virus destructivo y expansivo que van profundizando su tarea destructiva dentro de un intrincado entramado de relaciones que se van chupando y “desalmado” las sociedades.

La Conexión Putin

Pasamos por dos Conexiones que a nuestro punto de vista constituyen el cordón básico de una conspiración contra la lucha del pueblo venezolano. Ahora no queremos dejar este análisis respecto a las grandes zonas de conspiración contrarevolucionaria, sin llamar la atención de respecto a una conexión ligada obviamente a la figura líder de una federación rusa que solo en esta década ha abierto su boca al mundo. Conexión que posiblemente aún no tenga fuerzas propias en nuestro país de importancia, ni tiene mayor papel ni sujetos propios en la tarea demoledora de la esperanza revolucionaria en nuestra tierra a pesar del gran acercamiento que a través de la presidencia de Chávez se produjo y sigue manteniéndose con Putin y Rusia. No obstante, más allá de los acercamientos estratégicos entre Venezuela y Rusia  (aquí no estamos juzgando la pertinencia o no de una postura en favor de una alianza con Rusia que es otra cosa), esta última, como nuevo hegemonismo conservador podría jugar a futuro un rol muy particular en tanto mural de bloqueo frente a las inevitables tareas de reconstrucción nacional y liberación social que tendremos que asumir en los tiempos venideros si en algo nos interesa nuestra tierra.

Le damos el nombre a esta Conexión de “Putin”, por el papel muy especial que viene jugando Rusia a través de la figura de Putin, no solamente por su renacimiento como potencia mundial luego de la debacle de la URSS, sino como polo hegemónico de una cosmovisión político-ideológica que frente al discurso y la política disolvente de naciones y pueblos que vienen jugando los hijos políticos directos tanto del socialismo real de Estado como del neoliberalismo, se alza contra estas procurando un discurso de la unidad de los pueblos, la identidad, la tradición, la nación, la soberanía, el mundo multipolar. Incluso haciendo puentes con muchos novedosos intelectuales que de manera muy interesante se enfrentan al liberalismo y donde suman a su crítica feroz las líneas libertarias de la izquierda, buscando la reconstrucción del pensamiento conservador y nacionalista, en un mundo de naciones que frenen la caotización globalizante “atea, bancaria y posmoderna” que producen según estos el quiebre de las identidades humanas. Es el caso de intelectuales como el ruso Alexander Duguin y el francés Alain Benoit. Es la contraposición de la que se ha venido llamando el “euroasiatismo” al mundo unipolar de la OTAN-Europa-EEUU.

Se trata de un nuevo polo hegemónico naciente que ya tiene sus efectos en la renovación del nacionalismo de derecha europeo antiUE (Unión europea), que busca en estas nuevas síntesis deslastrarse del manto nazi-fascista con que se le sigue acusando con razón, pero que también rebota sus ecos en personajes tan díscolos como Donald Trump en su xenofobia, su racismo, y su aparente confrontación con los capitales transnacionalizados, banqueros, mediáticos. De allí la acusación que se le ha hecho de ser “un agente de Putin”. El encuentro de Putin con Marie Le Pen previo a las elecciones presidenciales venideras (más importante representante de esta extrema derecha europea por el peso de Francia) lo hace evidente, pero su extensión no se queda allí. El criminal y fascista de Erdogan, presidente de Turquía, en sus juegos geopolíticos y su obsesión por consagrarse como el nuevo sultán Otomano, para el actual referéndum donde intenta constitucionalizar su dictadura, también ha hecho suyo este nuevo nacionalismo, hablando de soberanía, independencia, poder del pueblo –¿ecos de un chavismo desarmado?-, buscando así mismo alianzas con Rusia que podrían ser estratégicas y una postura de encuentro con el euroasiatismo.

Si a ver vamos se trata de un renovación de los viejos ríos del fascismo, pero que en este caso menos delirantes, totalitarios y ambiciosos. Como todo nacionalismo conservador a la final es la otra cara de un mismo despotismo del capital queriendo lavar las consecuencias de la obra empobrecedora, caótica y destructiva en su alma exclusivamente imperial y globalizante, no por el reformismo sino por el conservatismo enclavado en el pueblo pobre. Pero al renovar también genera seducción y enseñanza, de allí lo interesante de la radicalidad crítica de sus intelectuales. Y es por esta razón donde simplemente advertimos de su entrada entre nosotros en su versión mas reaccionaria, utilizando posiblemente no una derecha goda ignorante y archineoliberal, sino pedazos de un chavismo empobrecido espiritualmente que tiene todas las condiciones para que muchas de sus partes más plebeyas busquen inclinarse y salvarse en estas posturas de unidad, sangre, nación, identidad, como pasa en otros lados del mundo. ¿Serán personajes como Diosdao Cabello y el mundo cívico-militar que gira sobre ellos, sus candidatos a “conectar”?. Vaya a saber, de estos personajes de gobierno ya es muy difícil saber qué líneas de mundo pasan por sus cabezas, cuando todo debate está desde hace mucho tiempo cancelado.

Al haberse perdido la profundización política, programática, teórica, del pensamiento propio revolucionario y libertario, se busca en la cabeza del amo nuestra propia salvación, cuando es en realidad el enterramiento más hondo y seguro. Todas estas conexiones, la que ya han hecho sus terribles juegos conspirativos, y las que podrían ser como esta última, tienen en realidad una razón de haberse impuesto y destruir hasta donde han podido: la ausencia de una capacidad de contraofensiva nuestra, como pueblo y nación en lucha, contra estas “conexiones” que siempre estarán presentes. Una contraofensiva que haya permitido la reafirmación de un camino propio y jugarnos también nosotros la posibilidad en el mundo y el continente de una conexión potente y contrahegemónica. Nada que hacer por ahora, ya la primera obra revolucionaria, soñada entre los años ochenta y noventa del siglo pasado, la han destruido casi por completo en estos juegos del hambre, la destrucción y la conspiración completa. Debilitados como estamos los tiempos que vienen van a ser muy duros, de una injusticia hacia las condiciones materiales, de dignidad y libertad de nuestro pueblo que todos los días son más asombrosas. Aún así el ave fénix de la respuesta espera su momento hasta con cierta felicidad porque demasiadxs sabemos y segurxs estamos de que aquí no acaba la historia…esperamos haber contribuido con estos tres trabajos de “Notas al margen” a aportar algo a esa inteligencia rebelde que sigue construyendo su tiempo.

jansamcar@gmail.com

 

Leer también:

Notas al margen 1: Los juegos de la guerra conspirativa interna

Notas al margen 2: Los juegos de hambre que concluyen la conspiración

 

 

 

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