Que me culpen de asesinato, yo decido sobre mi cuerpo

Editorial Las Comadres Púrpuras

Debo confesar que hace algunos años me realicé un aborto. Apenas contaba con 19 primaveras, seguía estudiando en la Universidad y las circunstancias no eran las óptimas para tener un hijo. Las condiciones en las que me realicé el aborto fueron nefastas: además de la insalubridad del lugar, apenas tenía cuatro pastillas Cytotec, lo que ocasionó que me trasladaran al hospital para hacerme un curetaje. Cómo olvidar la cara acusadora de los flamantes galenos, las enfermeras y todo el personal que laboraba en aquel recinto del horror. Fui la paria, la hereje, la desalmada; de un momento a otro me convirtieron en basura humana, así me trataron y así me hicieron sentir. Hasta el día de hoy aún sigo recordando esos momentos como los peores de mi vida.

Para ese entonces, no comprendía –y menos sabía– que yo podía decidir sobre mi cuerpo. En realidad, también pensaba que había cometido un crimen, el peor de todos: matar a un hijo. Pasaron varios años para que entendiera que la decisión que tomé era la más legítima de todas. Era mi decisión… ¡Yo decido sobre mi cuerpo! Y eso es lo que debía primar. Lamentablemente, a las mujeres no se nos enseña a tomar decisiones, no se nos enseña que nuestro cuerpo nos pertenece; todo lo contrario: se nos enseña que el cuerpo de la mujer siempre debe estar al servicio del macho, bien sea para darles placer o para ser reproductoras de la especie humana.

Hoy, precisamente, recordé esta experiencia a propósito de la decisión del nuevo presidente de los EEUU, Donald Trump, quien mediante una orden ejecutiva impide a los Estados Unidos financiar abortos en el extranjero y dirigir la recaudación del dinero proveniente de los contribuyentes a apoyar centros clínicos donde se realicen abortos. Esta orden, más que una sorpresa, ratifica la política misógina del nuevo inquilino de la Casa Blanca, quien, en ocasiones anteriores, manifestó que las mujeres que abortan deberían ser castigadas de alguna manera; por otro lado, su decisión también responde a satisfacer el ala conservadora de sectores de su partido que apoyaron su campaña presidencial.

Por otro lado, en el año 2015, en conmemoración del Día de la Mujer, el presidente Nicolás Maduro llamó a todas y todos los sectores a debatir sobre la problemática del aborto; a “debatir”, solo eso, aun con miramientos de los sectores más ortodoxos de la población. No obstante, este debate nunca se llevó a cabo, solo algunos intentos de compañeras y grupos feministas que llevan esta campaña por la despenalización del aborto, mientras que desde el propio Ministerio de la Mujer se satanizó a varias de ellas por cumplir con el debate que el propio Presidente había llamado a realizar.

En el marco legal del aborto, nuestro país, es uno de los más restrictivos de América Latina, la mujer solo puede abortar en caso de que su vida corra peligro, siempre y cuando lo avale el médico, su pareja y demás personajes masculinos que tienen la “potestad” y el “derecho” a decidir sobre los cuerpos de las mujeres. Entre los Objetivos del Milenio (ODM), la República Bolivariana de Venezuela no cumple con el de “Mejorar la salud materna”, debido a la prohibición existente con respecto al aborto; tal situación agrava los índices de mortalidad materna y la tasa de muerte por abortos clandestinos.

Ciertamente, con la constitución de 1999, las mujeres ganaron un gran terreno en derechos y materia legal, siendo la retribución de las intensas e históricas luchas que por años hemos mantenido. No obstante, muchas de esas luchas y banderas que hacen parte de nuestras agendas feministas, quedan de lado ante la línea que nos impone la institucionalidad. Hemos escuchado decir tantas veces de compañeras “feministas” que laboran dentro del Estado, que la lucha por el aborto no es un problema central en el país, que hay muchas otras cosas que abordar. Ciertamente, ante la crisis que vivimos la situación del aborto podrá no ser la principal para muchas, sin embargo, las mujeres siguen muriendo a causa de abortos clandestinos, las pastillas de misoprostol las venden a precios exorbitantes y ni hablar del costo de un aborto en un clínica.

A las mujeres se nos está obligando a parir, pero eso no es lo fundamental. ¿Qué lo es entonces? Ni siquiera se pronuncian por los miles de femicidios que se cometen en el país. No estoy errada, compañeras, veamos las noticias: mujeres empaladas, torturadas, niñas violadas, golpeadas, por el más recalcitrante machismo. ¿Qué es lo urgente para las mujeres? Pues, seguir con la agenda que nos quiere colocar el presidente Maduro: marchar en contra del Imperio, defender la patria, construir la Unamujer y salir a declarar con flores rojas y consignas, mientras nos matan y seguimos muriendo por abortar. ¿Qué es lo urgente? Mientras miles de personas reclaman por la cantidad de actores y actrices en la marcha en contra de Trump, que sin lugar a dudas estos marchantes pertenecen a la nueva ola chic del capitalismo, nos desdibujamos de la realidad de nuestro país. ¿Acaso no vemos cómo nuestras marchas por las mujeres están llenas de actrices como Gigi Zanchetta o Layla Succar, modelando y diciendo: “las apoyamos”, mientras por Tves se sigue cosificando la imagen de la mujer y pasando en pantalla grande el trasero de Diosa Canales?

Se hace imperante la construcción de una agenda feminista, con las demandas de las mujeres, no podemos seguir detrás de lo urgente, basta de ceder nuestras luchas a lo principal marchar a diario por defender la patria.

La comadre abortista

Editorial Las Comadres Púrpuras

2 Comments

    1. Saludos Nayla, La imagen del día en Braga es del Instagram de @mai_ricota, y se suma al movimiento mundial #niunamenos que convoca para este 8 de marzo, Día Mundial de la Mujer.

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