El 28 de agosto se conmemoró el Día de las Personas Adultas Mayores, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la situación de este sector de la población en México. Con más de 17,121,580 personas mayores, que representan el 12.8% de la población total, es fundamental entender que no todas las personas adultas mayores son abuelos y que el respeto a sus derechos humanos es una obligación de la sociedad.
Derechos y Realidades
Según la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, una persona adulta mayor es aquella que tiene 60 años o más. Esta ley, junto con la Convención Interamericana sobre la protección de sus derechos, establece un marco que garantiza dignidad, autonomía y participación en la vida familiar y comunitaria, así como el derecho a vivir sin violencia y a recibir un trato digno por parte de las autoridades.
Sin embargo, la realidad es que muchos adultos mayores enfrentan situaciones de discriminación. Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022, el 30.5% de las personas adultas mayores sienten que sus derechos son poco respetados, y el 77.4% considera que la mayoría de las personas se impacientan fácilmente en su trato diario.
Salud y Vulnerabilidad
Las limitaciones físicas y problemas de salud son comunes con la edad. La Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento (ENASEM) 2021 señala que las enfermedades más comunes son la hipertensión arterial, la diabetes y la artritis. Además, de acuerdo con datos de CONEVAL de 2022, el 31.6% de las mujeres adultas mayores vive en situación de pobreza, frente al 30.5% de los hombres, aunque se ha detectado una ligera reducción en estos índices.
Es crucial que la sociedad reflexione sobre cómo se trata a las personas adultas mayores. Muchas veces se les reduce a estereotipos, como llamarlos “abuelitos”, sin considerar su individualidad. En ocasiones, su voluntad se ignora bajo el argumento de que “ya están grandes y no pueden decidir”, lo que pone de manifiesto la necesidad de un compromiso colectivo para garantizar el respeto a sus derechos.
La pregunta que queda es: ¿nuestras ciudades están diseñadas para una población que envejece? La realidad es que muchas veces sus derechos son pasados por alto debido a su edad. Este hecho resalta la importancia de las leyes y convenciones internacionales, pero su cumplimiento depende del compromiso de todos. Es un llamado a la acción para que la sociedad, las autoridades y los mismos adultos mayores trabajen juntos para crear un entorno más inclusivo y respetuoso.