Los consumidores estadounidenses están optando por tiendas de segunda mano como respuesta a la creciente inflación y los altos aranceles impuestos durante la guerra comercial. Este fenómeno se ha intensificado en los últimos años, convirtiendo lo que alguna vez fue una alternativa marginal en un hábito generalizado.
Crecimiento del mercado de segunda mano
La red Evergreen Goodwill, que cuenta con 23 tiendas en Washington, ha reportado un incremento del 6 por ciento en su tráfico peatonal semanal durante la primera mitad de 2025, el doble de su promedio histórico. La tienda insignia en Seattle, la más grande del mundo en su categoría, atrae a 16,000 visitantes semanales y ha registrado un aumento del 9 por ciento en afluencia. Kahina Boufnar, gerente de producción, comentó que “el lunes pasado, teníamos más de 80 personas esperando en fila para entrar”, lo que refleja un cambio notable en el comportamiento del consumidor.
Buffalo Exchange, con 41 tiendas en EE.UU., también ha visto un aumento en sus ventas, que su gerente de marketing, Jessica Pruitt, atribuye directamente a la presión de los aranceles y al encarecimiento de la vida cotidiana. “Nuestro negocio ya funciona bien en tiempos de inestabilidad económica, porque la gente empieza a priorizar el valor”, afirmó Pruitt.
Impacto de la inflación y los aranceles
El contexto económico es complicado. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, los precios mayoristas aumentaron 3.3 por ciento en julio, superando lo previsto. Las categorías sensibles a los aranceles, como ropa infantil y calzado, han experimentado incrementos palpables. Esto ha llevado a que consumidores como Melanie Haid, una bloguera neoyorquina, prefieran comprar productos de segunda mano para poder destinar su dinero a necesidades básicas como renta y comida.
Las plataformas digitales están impulsando esta tendencia. Datos de Sensor Tower indican que las descargas de aplicaciones de reventa como eBay, Poshmark y Mercari crecieron 13 por ciento en el año, con un aumento del 12 por ciento en usuarios activos mensuales. Manish Chandra, fundador de Poshmark, anticipa que este movimiento continuará en ascenso “a medida que evoluciona el panorama de los aranceles y las importaciones”.
La Generación Z ha sido crucial en la legitimación del consumo de segunda mano, que antes estaba marcado por un estigma social. “Cuando empezamos, comprar de segunda mano no estaba en la lista de prioridades. Ahora, para mucha gente joven, es la primera opción”, señala Pruitt.
Este atractivo se extiende más allá de la ropa, abarcando muebles y artículos para el hogar, lo que refleja un cambio cultural hacia el consumo responsable. “Las compras conscientes han surgido de forma importante; los aranceles fueron la guinda del pastel”, sintetizó Hitha Herzog, analista de H Squared Research.
Con un flujo constante de mercancía y donaciones estables, las cadenas de segunda mano se encuentran en una posición única para prosperar en medio de la volatilidad económica. “Estamos en una posición única para tener gran confianza en el futuro”, afirmó Derieontay Sparks, vicepresidente de operaciones de Evergreen Goodwill. Así, mientras la economía estadounidense enfrenta un panorama de precios en ascenso, las tiendas de segunda mano no solo sobreviven: están prosperando.