Un fenómeno reciente está transformando el panorama automotriz: los dueños de autos eléctricos los están cambiando por modelos nuevos en un promedio de solo tres años. Esto contrasta drásticamente con los vehículos de combustión interna, que tienen una vida útil promedio de más de 12 años, según un estudio de S&P Global Mobility.
Un cambio de hábitos como en la tecnología
La tendencia de renovar autos eléctricos se asemeja a la de los teléfonos celulares. Una vez que expira el contrato con las compañías de telefonía, muchos usuarios optan por un dispositivo más moderno. En el caso de los autos eléctricos, este hábito se ha intensificado. Mientras que un auto de combustión puede llegar a los 12.5 años de uso, los eléctricos apenas alcanzan los 3.6 años en manos del primer propietario.
Las razones detrás de este fenómeno son variadas. Por un lado, la infraestructura de mantenimiento para autos de combustión es más accesible, con talleres mecánicos en casi cada esquina. Por otro lado, la inflación ha encarecido los autos nuevos, lo que lleva a muchos a aferrarse a su viejo sedán hasta el último kilómetro. Además, la pandemia creó una escasez en el inventario de vehículos nuevos, haciendo que encontrar uno en el mercado sea una hazaña.
Innovaciones que impulsan el cambio
En el ámbito de los autos eléctricos, la situación es diferente. La rápida evolución tecnológica ha llevado a la aparición constante de nuevos modelos que ofrecen mayor autonomía, mejores baterías y sistemas de asistencia al conductor más avanzados. Así, quedarse con un eléctrico de hace cinco años es similar a usar un celular obsoleto que ya no recibe actualizaciones.
Sin embargo, hay que tener en cuenta un aspecto importante: la percepción del consumidor. Muchos ven a los autos eléctricos como gadgets, y cuando surge un modelo más avanzado, el anterior pierde atractivo. Esto se traduce en una vida útil más corta en términos de propiedad, aunque no necesariamente afecta su durabilidad mecánica.
A pesar de las ventajas, el informe de S&P Global Mobility también señala que los vehículos eléctricos enfrentan retos significativos. Un 6.6% de ellos quedan fuera de circulación en un plazo de diez años, comparado con un 5.2% para los autos de gasolina. Esta diferencia, aunque no abrumadora, plantea una preocupación real: ¿están los autos eléctricos realmente preparados para resistir el paso del tiempo? ¿O el avance de la tecnología los convierte en obsoletos antes de que fallen?
A medida que la infraestructura mejora y los precios de los vehículos eléctricos disminuyen, el ritmo de innovación sigue siendo vertiginoso. En muchas ocasiones, los usuarios prefieren cambiar de modelo antes de cuestionarse si el suyo sigue siendo funcional. Este cambio constante en la percepción y uso de los autos eléctricos podría tener implicaciones profundas en el futuro de la movilidad en México.
