La violencia estalló el 15 de septiembre en el Estadio Libertadores de América, donde se vivieron incidentes graves que han dejado a las autoridades en busca de justicia. A pesar de los operativos realizados, la Policía Bonaerense no ha logrado capturar a los ocho barras de Independiente implicados en los desmanes que se extendieron por varias horas durante el partido contra la U de Chile.
Operativos fallidos y órdenes de captura
Ocho días después de los violentos enfrentamientos, la situación se torna crítica. Tras la liberación de más de 100 simpatizantes chilenos detenidos inicialmente, se llevaron a cabo nueve allanamientos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en la Provincia de Buenos Aires, pero no se localizó a ninguno de los imputados. El juez José Luis Arabito autorizó las acciones tras el pedido del fiscal Mariano Zitto, quien busca dar con los responsables.
Los ocho barras están acusados de tentativa de homicidio y otros delitos graves. Durante los operativos, las autoridades decomisaron pertenencias relevantes para la investigación, incluyendo una campera deportiva azul y tres teléfonos celulares. Sin embargo, la ausencia de los implicados fue evidente, lo que indicaba que habían anticipado la llegada de la policía.
Reacciones y consecuencias
El ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, reconoció la complejidad de la situación en una entrevista reciente, señalando la visibilidad de los eventos violentos en los medios. “Todos se vieron en la tele, imagino que cuando fueron al barrio habrán presumido también”, afirmó. Ante la falta de resultados, se han emitido órdenes de captura a nivel nacional e internacional.
La Conmebol ya ha iniciado un expediente para evaluar las responsabilidades y posibles sanciones, que prometen ser severas. En este contexto, el presidente de Independiente, Néstor Grindetti, expresó su condena a los actos de violencia, enfatizando que las acciones continuaron a pesar de las advertencias para que la hinchada visitante se retirara.
El fiscal Zitto subrayó la ineficacia de la seguridad privada en el estadio, señalando que la coordinación con la policía fue insuficiente para contener los disturbios. “Esto se podría haber evitado”, concluyó, haciendo eco de la indiscutible necesidad de un mejor manejo en eventos deportivos.
La resolución de este caso no solo afectará a los barras involucrados, sino que también impactará en el futuro de Independiente dentro de la Copa Sudamericana, cuyo desenlace definirá a su rival en la siguiente fase. Los hechos del 15 de septiembre quedarán grabados en la memoria de todos como un recordatorio de la violencia en el fútbol, un problema que aún necesita soluciones efectivas.