Las clínicas de Gaza están “casi en silencio”, según Inger Ashing, directora ejecutiva de la ONG Save The Children, quien este miércoles presentó un panorama desgarrador de la situación de los niños en la región. “Los niños ya no tienen fuerza para hablar o siquiera llorar en su agonía”, declaró ante el Consejo de Seguridad, advirtiendo sobre la hambruna oficialmente declarada por la ONU en el tercio norte del enclave.
Una crisis humanitaria sin precedentes
En los hospitales, los pequeños cuerpos yacen demacrados, consumidos por el hambre y las enfermedades, mientras a pocos kilómetros esperan miles de camiones cargados con artículos vitales, bloqueados y sin poder acceder. Ashing compartió el desgarrador mensaje de un niño que escribió: “Quisiera estar en el cielo, donde está mi madre, donde hay amor, hay comida y hay agua”. Estas palabras reflejan la desesperación que sienten los menores en Gaza, quienes ya no requieren “supuestas soluciones creativas” ni “envíos aéreos que casi no dejan ayuda”, enfatizó Ashing.
La responsable humanitaria criticó abiertamente la Fundación Humanitaria para Gaza, promovida por Israel, señalando que sus puntos de distribución se han convertido en trampas mortales, donde han muerto centenares de personas durante los caóticos repartos de comida. “Lo que los niños de Gaza necesitan es que los estados actúen. La inacción es una opción, la indecisión es complicidad”, afirmó, dejando claro que “los niños han llegado ya a su punto de quiebre”.
Desafíos en Cisjordania
Además, Ashing describió la dura vida cotidiana de los niños palestinos en Cisjordania, quienes enfrentan demoliciones de hogares, desplazamientos y acoso por parte de las fuerzas israelíes o colonos. Aún más alarmante es la situación de aquellos que son detenidos, ya que son los únicos en el mundo perseguidos sistemáticamente en tribunales militares que no cumplen con los estándares internacionales de justicia para menores.
La intervención y acción inmediata son necesarias para brindar un respiro a una generación atrapada en el ciclo de la violencia y la desesperación, un llamado que no debe ser ignorado por la comunidad internacional.