La sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión terminó en un escándalo tras un violento enfrentamiento entre el presidente nacional del PRI, Alejandro ‘Alito’ Moreno, y el presidente de la Mesa Directiva, Gerardo Fernández Noronha. Este miércoles, después de entonar el Himno Nacional, Moreno encaró a Noronha, reclamándole la falta de oportunidad para intervenir durante la discusión sobre la supuesta “traición a la Patria” por parte de la oposición al solicitar intervención militar de Estados Unidos.
Moreno, visiblemente molesto, argumentó que se había solicitado que todos los grupos parlamentarios tuvieran participación en la última sesión, pero que Fernández Noronha decidió omitirlo. “Esperamos a que se cantara el Himno Nacional, y luego le dije que me diera una explicación de lo que pasó. ¿Qué hizo? Como siempre, este patán, empujarme”, declaró el priista, aunque videos demuestran que él fue quien comenzó el forcejeo.
El clima tenso en el Senado
La tensión aumentó aún más cuando Moreno cuestionó la actitud de Noronha, quien, según él, actúa con “hombres” al gritarle a la senadora Lilly Téllez. “Que venga aquí para que le pegue yo sus chingadazos a ese cabrón y le enseñemos que a las mujeres se les respeta”, dijo Moreno, reflejando el clima de confrontación que ha caracterizado a las últimas sesiones del Senado.
La jornada se tornó ríspida desde el inicio de la Agenda Política, donde legisladores del PAN y PRI intercambiaron palabras altisonantes con los miembros de la Cuarta Transformación. Téllez, en su intervención, arremetió contra la presidenta Claudia Sheinbaum, diciendo: “¿Por qué Sheinbaum está tan desesperada en silenciarme? Usted no me intimida y cada vez hablaré más lejos y con más claridad.” Este intercambio provocó la ira de Noronha, quien le recordó que constantemente interrumpe a otros legisladores.
Un final inesperado
Este acto de provocación llevó a Moreno a confrontar a Noronha, resultando en un forcejeo que terminó en golpes. La situación evidenció no solo la polarización política actual, sino también el deterioro de las relaciones entre los diferentes grupos parlamentarios. La realidad es que el Senado, que debería ser un espacio de debate y diálogo, se ha convertido en un campo de batalla donde las diferencias ideológicas se resuelven a golpes.
Con información de Diana Benítez, este incidente resalta la necesidad de un manejo más civilizado en la política mexicana, donde el respeto y la cordialidad deben prevalecer por encima de las diferencias partidistas.
