Al regresar de las vacaciones, muchas personas enfrentan un fenómeno conocido como depresión postvacacional, un término que ha inundado los medios de comunicación en estas fechas. Sin embargo, el psicólogo Antonio García aclara que esta no es una patología reconocida, sino una reacción natural del cuerpo ante un cambio abrupto en el estilo de vida.
Un cambio natural, no una enfermedad
García señala que, en lugar de hablar de depresión, sería más apropiado referirse al “síndrome de adaptación postvacacional”. Este síndrome trae consigo síntomas que pueden parecerse a los de una depresión: tristeza, falta de energía, y en algunos casos, ansiedad o trastornos del sueño. De hecho, hasta síntomas físicos como taquicardias pueden aparecer, lo que hace que el regreso a la rutina laboral no sea una broma para quienes lo experimentan.
Los síntomas son especialmente comunes en personas que disfrutan de vacaciones prolongadas. Aquellos que están acostumbrados a un mes o más de descanso se ven más afectados al regresar a su vida diaria, según explica el psicólogo.
Consejos para una mejor adaptación
García recomienda una adaptación gradual para mitigar los efectos de este síndrome. Una de las claves es evitar cambios bruscos, sobre todo en los horarios. Si durante las vacaciones se acostumbra uno a dormir y despertar más tarde, es importante ajustar estos hábitos de forma paulatina para evitar un choque severo al volver al trabajo.
Además, el contexto laboral juega un papel crucial. Regresar a un trabajo que se disfruta, con un ambiente positivo y una carga manejable, reduce las probabilidades de experimentar síntomas negativos. Por el contrario, un entorno estresante puede hacer que el regreso sea más complicado.
García también aconseja centrarse en los aspectos positivos del trabajo. Fomentar buenas relaciones con compañeros y enfocarse en tareas gratificantes puede ayudar a que la transición sea más amena. “Pensar más en lo bueno que en lo negativo” es el mensaje central.
La otra cara de las vacaciones
Un aspecto menos mencionado, pero relevante, es la situación de aquellos que no tienen la oportunidad de disfrutar de vacaciones. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, un 33.5% de la población no puede permitirse irse de vacaciones al menos una semana al año, lo que representa a aproximadamente 16 millones de personas en España, y proporcionalmente más de 280,000 en Córdoba.
Esta realidad puede generar un agotamiento progresivo en quienes encadenan largos periodos de trabajo sin descanso, lo que puede llevar a la desmotivación y a la pérdida del gusto por su labor. “Necesitamos descanso para no agotarnos”, enfatiza García, resaltando que tanto el trabajo físico como el mental requieren de pausas para mantener el bienestar.
La presión social también juega un papel crucial en este tema. Las redes sociales, repletas de imágenes de vacaciones perfectas, pueden distorsionar la percepción de la realidad y generar una intensa necesidad de experimentar ese tipo de momentos, lo que lleva a muchas personas a participar en actividades que no disfrutan realmente, solo por cumplir con un estándar social o por obtener “likes”.
En resumen, es fundamental recordar que las vacaciones están hechas para el hombre, y no el hombre para las vacaciones. Adaptarse con una mentalidad positiva y entender las realidades de cada quien puede ser la clave para enfrentar el regreso a la rutina de manera más saludable.