La brecha de género en el emprendimiento es evidente: solo el 6.4% de los acuerdos cerrados por emprendimientos en América Latina son para mujeres, según Isabella Ghassemi-Smith, directora de Aurora Tech Award de inDrive. Este dato alarmante revela que las mujeres que deciden iniciar sus propios negocios enfrentan barreras significativas que van desde la desigualdad en el acceso al financiamiento hasta la ausencia de redes de contacto que les permitan crecer.
Desigualdad en el financiamiento
Las cifras son contundentes. En 2024, solo 2.3% del financiamiento para startups se destina a proyectos liderados por mujeres. Esto contrasta con la situación de los hombres, quienes reciben un promedio de 11.7 millones de dólares en comparación con los 5.2 millones de dólares que obtienen las mujeres. Esta diferencia no solo afecta a las emprendedoras individuales, sino que repercute en el tejido económico y social de sus comunidades.
La falta de acceso a redes de contacto, lo que Ghassemi-Smith denomina el “club de los hombres”, limita las oportunidades de las mujeres para ser presentadas a inversores y expertos que podrían impulsar sus proyectos. Es un ciclo vicioso que perpetúa la desigualdad en el ecosistema emprendedor.
Impacto en la comunidad
La brecha de género en el emprendimiento no solo afecta a las emprendedoras, sino que tiene consecuencias más amplias. Las mujeres tienden a generar negocios que no solo buscan la rentabilidad, sino que también tienen un impacto positivo en sus comunidades. Estas startups, particularmente en el ámbito de healthtech y e-commerce, crean empleos y mejoran la calidad de vida local.
Cuando las mujeres emprendedoras reciben financiamiento, existe una tendencia a reinvertir en sus comunidades. Esto se traduce en un aumento de ingresos que beneficia a negocios locales y fortalece el entorno económico. De hecho, Ghassemi-Smith resalta que las mujeres tienen un retorno de inversión que puede ser el doble que el de los hombres, aunque el proceso puede ser más lento.
Desafortunadamente, medir este impacto sigue siendo un reto. Sin embargo, Ghassemi-Smith subraya que cada vez que una mujer emprendedora tiene éxito, se abre la puerta para que más mujeres lo intenten, creando un ciclo virtuoso de oportunidades y crecimiento.
Es fundamental visibilizar a estas emprendedoras y reconocer el potencial que tienen. A pesar de las limitaciones, las mujeres están demostrando que pueden desafiar las normas del ecosistema emprendedor y generar resultados positivos.
La realidad es que, mientras más mujeres ocupen posiciones de liderazgo y tengan acceso a financiamiento, mayor será el impacto en la economía local y en la creación de nuevas emprendedoras. Es hora de construir nuevas mesas de discusión que incluyan a las mujeres, donde se valore su capacidad para innovar y generar riqueza.
Así, el enfoque debe estar en crear un entorno que apoye a las mujeres emprendedoras, proporcionando las conexiones y el capital necesario para su desarrollo. El camino hacia la igualdad de género en el emprendimiento no será fácil, pero es un viaje que ya ha comenzado.