La reciente decisión del presidente colombiano, Gustavo Petro, de desplegar 25,000 soldados en el Catatumbo ha generado un fuerte rechazo en el ámbito político. Este movimiento, que se realiza en medio de la presión estadounidense sobre Venezuela, ha sido celebrado por el dictador Nicolás Maduro, quien lo interpreta como un signo de colaboración entre ambos países. La situación ha encendido el debate sobre la soberanía y el papel de Colombia en la región, especialmente ante la amenaza de grupos armados y el narcotráfico.
Reacciones a la militarización
El representante Julio César Triana, del partido Cambio Radical, criticó abiertamente la militarización, señalando que la medida no es una defensa de la soberanía, sino una clara señal de sometimiento al régimen venezolano. “Que Maduro ‘agradezca’ a Petro por militarizar el Catatumbo, lo dice todo”, afirmó Triana, quien recientemente fue víctima de un ataque armado en Huila, un hecho que el presidente minimizó. Para él, la lealtad debe ser hacia la Constitución y el pueblo colombiano, no hacia un régimen dictatorial.
El despliegue militar en el Catatumbo, que coincide con un aumento de la actividad militar estadounidense en la región, ha suscitado críticas en el Congreso. La representante Katherine Miranda, del partido Alianza Verde, advirtió sobre las implicaciones de esta decisión, sugiriendo que en lugar de proteger a los colombianos, el Ejército se convierte en una pieza en el tablero de la dictadura venezolana.
La postura de Maduro
Por su parte, Nicolás Maduro celebró la decisión de Petro, reforzando los lazos históricos entre ambos países. “Agradecer al presidente de Colombia, nuestra hermana Colombia, con que compartimos una sola bandera”, expresó Maduro, quien también ordenó al ministro de Defensa venezolano establecer contacto con su homólogo colombiano para coordinar acciones contra grupos armados en la frontera.
La decisión de Petro de militarizar el Catatumbo ha sido defendida como una estrategia para combatir el narcotráfico, particularmente en un contexto donde el cartel de los Soles sigue operando en la región. “He ordenado al Ejército Colombiano ampliar el número de efectivos en el Catatumbo colombiano”, declaró el presidente en su cuenta de X, buscando reducir la influencia de las mafias en la zona.
Sin embargo, las críticas continúan. La senadora María Fernanda Cabal cuestionó la eficacia de la estrategia, señalando que desde enero de 2025, grupos terroristas como las FARC y el ELN han tenido control en el Catatumbo. “¿Por qué ahora ordena ampliar el pie de fuerza en el Catatumbo y no lo hizo antes?”, planteó, subrayando la preocupación sobre el manejo de la seguridad en el país.
Este despliegue militar no solo plantea interrogantes sobre la política interna de Colombia, sino que también refleja las complejas dinámicas de poder en la región, donde los intereses de potencias extranjeras y regímenes autoritarios se entrelazan con la realidad de los ciudadanos. La situación en el Catatumbo se convierte así en un foco de atención, no solo por su importancia estratégica, sino también por las implicaciones para la soberanía colombiana.
