ACTUALIZACIÓN: Nuevos reportes confirman que la tasa de desempleo en México se mantiene en 2.7%, un indicador que a primera vista podría parecer positivo, pero esconde una realidad preocupante.
En el segundo trimestre de 2025, apenas se crearon 113,599 puestos de trabajo, la cifra más baja para este periodo en una década, excluyendo los años de pandemia. Esta situación pone en evidencia el crecimiento desmesurado de la informalidad laboral, donde casi 398,376 trabajadores se unieron a filas de empleo irregular dentro de unidades económicas formales.
La pérdida de 285,000 plazas en el sector formal contrasta con la precariedad de las nuevas incorporaciones, ya que muchos mexicanos laboran sin acceso a seguridad social y prestaciones. Este fenómeno se traduce en un aumento alarmante de la pobreza laboral, donde el 35.1% de la población no puede cubrir el costo de la canasta básica con sus ingresos. En estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero, más de la mitad de la población trabajadora se encuentra en esta situación crítica.
La expectativa de vida en México ha alcanzado los 75.4 años, lo que debería ser motivo de celebración; sin embargo, en un contexto de bajo crecimiento económico, plantea serios desafíos sobre cómo sostener pensiones y servicios de salud. El ingreso real per cápita se sitúa en apenas 3,386.17 pesos, lo que acentúa las desigualdades existentes.
Las mujeres enfrentan una dura realidad, ganando en promedio 20% menos que los hombres, y enfrentando una tasa de pobreza laboral del 14.3% frente al 9.2% de los hombres. Este panorama se ve complicado aún más por el escaso dinamismo económico, con un crecimiento de solo 0.2% en junio y una caída del 0.1% en julio.
La inversión productiva ha caído por nueve trimestres consecutivos, y el sector industrial, que representa una quinta parte del PIB, ha generado poco más de mil empleos en lo que va del año. Bajo estas condiciones, las metas oficiales de creación de empleos dignos parecen más un deseo que una realidad tangible.
Lo que revelan estas cifras es que México no enfrenta un problema de desempleo masivo, sino una crisis más sutil y grave: un mercado laboral donde el trabajo existe, pero no garantiza una vida digna para sus trabajadores. En un contexto donde la población vive cada vez más, esta brecha no es solo un problema coyuntural; es la antesala de un futuro hipotecado.
Las autoridades deben actuar con urgencia para revertir esta tendencia y garantizar que el empleo en México no solo sea un número, sino una oportunidad real para vivir con dignidad.