El sistema de ascenso y descenso en el futbol mexicano atraviesa una crisis profunda. Según reportes desde adentro de las estructuras del futbol profesional, la Liga de Expansión fue abandonada durante siete años sin un proyecto sólido que la sostuviera, lo que ha dejado cicatrices difíciles de sanar en la categoría.
Aunque la nueva administración —encabezada por el G-8— tiene intenciones de recuperar las bases de la división inferior, la realidad es más compleja. Fuentes cercanas al tema aseguran que será necesario esperar muchos años más antes de que la Liga de Expansión sea considerada nuevamente como una opción viable para el ascenso a la Primera División. El problema no es solo la voluntad de reconstruir, sino el estado actual de los clubes: muchos de ellos no están consolidados lo suficiente para competir en una posible reactivación del sistema de promoción y descenso.
Los directivos reconocen que es una vergüenza que varios clubs no tengan las bases necesarias para ser tomados en cuenta en competiciones de mayor jerarquía. Construir esa solidez institucional en múltiples equipos requiere tiempo, inversión y una visión clara que, hasta ahora, no ha funcionado bajo ninguna administración anterior.
Las recomendaciones dirigidas a Mikel Arriola, nuevo comisionado de la Federación Mexicana de Futbol, incluyen advertencias sobre mantener el equilibrio entre todas las partes interesadas en el futbol mexicano. Se menciona que algunos dueños del G-8 le han sugerido precaución durante su gestión, haciendo referencia a situaciones similares en el pasado donde funcionarios han salido de sus cargos de manera abrupta.

