El Mundial 2026 se disputará en un contexto global en plena transformación geopolítica y económica, con Estados Unidos, México y Canadá como anfitriones y potencias económicas que lideran el evento. Este torneo marcará un nuevo récord al ser el primero organizado por tres países simultáneamente, lo que crea un mercado deportivo de gran escala y con un impacto económico significativo.

Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional para 2026, los contrastes en términos de Producto Interno Bruto (PIB) entre las selecciones clasificadas son enormes. Estados Unidos encabeza con un PIB que supera los 32 billones de dólares, muy distante del resto de los competidores. Alemania ocupa el segundo puesto con alrededor de 5,5 billones de dólares, seguida por otros países que conforman el grupo de las mayores economías del Mundial.

Entre estas economías destaca México, que con un PIB estimado de más de 2 billones de dólares ocupa el noveno puesto en el ranking económico de selecciones. Esta situación sitúa al bloque del T-MEC como uno de los más influyentes, no solo en términos de organización sino también desde la perspectiva financiera y comercial.

En el extremo contrario, naciones como Cabo Verde presentan economías mucho más pequeñas, con un PIB cercano a los 3,400 millones de dólares, lo que resalta la desigualdad económica entre los participantes. Estas diferencias no solo reflejan el tamaño de sus economías sino que también están vinculadas a las capacidades de inversión en infraestructura deportiva y condiciones para el desarrollo de sus selecciones.

El Mundial podría generar una activación económica considerable en Norteamérica. Estudios económicos señalan que durante el periodo de competencia, la actividad neta podría superar los 5,000 millones de dólares, impulsada en gran parte por las economías anfitrionas. En el caso de México, la oportunidad se amplifica por el efecto «nearshoring», que ha incrementado la inversión extranjera directa debido a la relocalización de cadenas de suministro.

Así, la Copa Mundial no solo es una fiesta deportiva, sino también un escenario donde convergen realidades económicas muy distintas que influyen en la preparación, desarrollo y recursos de cada selección. Este contraste económico global seguirá siendo un factor determinante en el desarrollo del torneo y en las estrategias de cada país.