La creciente militarización rusa en el Ártico ha impulsado a la OTAN a fortalecer su presencia con ejercicios y mejoras tecnológicas, en un entorno marcado por desafíos climáticos y estratégicos. La región, antes relegada, se ha convertido en un foco de interés para la seguridad debido a la modernización de fuerzas rusas y el impacto del cambio climático que facilita nuevas rutas y explotación de recursos.

Rusia ha reactivado numerosas bases militares soviéticas y posee la flota más grande de rompehielos a nivel mundial, algunos de propulsión nuclear, que le permiten mantener un control sólido en el Ártico. Además, concentra la mayor parte de su capacidad nuclear estratégica en la península de Kola, desde donde puede desplegar submarinos con misiles nucleares y lanzar misiles hipersónicos, representando una amenaza directa para Estados Unidos.

Este aumento del poderío ruso ha obligado a los países aliados a incrementar sus inversiones en sistemas de vigilancia y defensa. El ejercicio militar Arctic Sentry, que reunió a más de 30.000 efectivos, reflejó este compromiso. Además de la cooperación entre países como Noruega, Reino Unido y Estados Unidos, se busca superar las limitaciones técnicas que supone operar en un entorno donde las temperaturas pueden caer hasta -45°C, lo que afecta la operatividad del equipamiento tradicional.

La vigilancia en corredores marítimos clave como el Bear Gap y el GIUK Gap, entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido, es prioritaria. No obstante, el despliegue naval sigue siendo costoso: Estados Unidos cuenta con solo dos rompehielos operativos, muy por debajo de los 42 que mantiene Rusia. La alianza trabaja en la implementación de tecnologías avanzadas como radares de última generación, sensores submarinos adaptados a las nuevas condiciones climáticas y drones preparados para resistir el clima extremo.

El impacto del calentamiento global complica aún más la detección de submarinos, puesto que altera las condiciones acústicas bajo el agua, exigiendo desarrollo tecnológico constante para mantener la capacidad de alerta temprana. En respuesta, Canadá también anunció un plan millonario para su defensa en la región ártica, reflejando una tendencia en aumento de inversión por parte de los aliados para contrarrestar la expansión rusa.