El reciente acuerdo para asignar 800 millones de pesos a la educación en Oaxaca busca atender el rezago en plazas docentes, pero especialistas advierten que estos recursos también fortalecen la influencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la región.
Además del fondo para Oaxaca, la CNTE negocia con autoridades educativas la entrega de miles de plazas para otras entidades, incluyendo más de diez mil en Chiapas y más de cuatro mil en la Ciudad de México. Estas negociaciones forman parte de una estrategia sindical que genera suspicacias sobre la verdadera distribución y destino de los recursos. La jefa de Gobierno señaló que estos fondos no llegan directamente a la CNTE, sino que se orientan a resolver necesidades educativas como la contratación y regularización de maestros y mejoras en las escuelas.
El líder de la Sección 9 de la CNTE confirmó que estas plazas buscan cubrir un rezago histórico en Oaxaca, aunque negó que los dirigentes tengan control sobre la asignación directa de los recursos. No obstante, expertos del Tecnológico de Monterrey insisten en que las negociaciones de plazas funcionan como mecanismos para fortalecer el liderazgo de la organización sindical, pues ofrecen a los maestros beneficios como cambios de adscripción o prioridad en la basificación a cambio de movilizaciones.
Este fenómeno refleja un conflicto en el sistema educativo nacional, donde la necesidad de cubrir vacantes se entrelaza con intereses sindicales que pueden limitar la distribución equitativa y eficiente del recurso público. El análisis apunta a que mientras el dinero no se entrega directamente a la CNTE, sí contribuye a su capacidad de organización y control dentro del sector educativo.

