Mariscos Periquín es más que un restaurante; es una historia de perseverancia familiar que comenzó cuando José Luis Prado Galván decidió cambiar la minería en Zacatecas por la “minería del mar”. En 1988, inició su negocio vendiendo cocteles y tostadas de mariscos en un carrito en la Calzada Madero, atendiendo principalmente a trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad y TELMEX.

Al año siguiente, gracias al apoyo de su sobrina Bertha Prado, instaló su primer local en una cochera del Boulevard Isidro López, bautizándolo como “Periquín”, apodo que proviene de su hijo Erick, conocido como Perico dentro de su familia. Desde entonces, el negocio familiar ha ido creciendo bajo la administración de la segunda generación, formada por los hijos de José Luis y María de Luz de la Garza.

Más allá de la calidad de sus platillos y el sabor único que ofrecen, Mariscos Periquín se caracteriza por su compromiso social y familiar. Ulises, uno de los hijos de los fundadores, destacó que la mayor satisfacción es ver a antiguos empleados regresar como clientes, algunos con títulos universitarios, reflejando así el impacto positivo del negocio en la comunidad. En Saltillo, Periquín es sinónimo de tradición, buen servicio y una experiencia culinaria que trasciende generaciones.