El documento conocido popularmente como el Plan de San Ricardo, firmado en la noche del 14 de julio de 1910, ha generado un debate que persiste en la historiografía regional y nacional de Veracruz. Aunque comúnmente se le ha llamado "plan", varios expertos sostienen que su denominación más precisa es "proclama", dadas sus características jurídicas y su contenido.
Esta polémica fue adelantada por el historiador Leonardo Pasquel, quien cuestionó la estructura del texto y su verdadera naturaleza. Según Pasquel, que contó con testimonios directos de algunos de los firmantes, el documento no planteaba un programa político o un proyecto de gobierno formal, sino más bien una declaración pública que convocaba a desconocer la dictadura de Porfirio Díaz y a luchar por la legalidad y la democracia.
Para entender esta diferencia, se recurre a definiciones jurídicas. Un plan político establece un conjunto organizado de acciones y un programa de gobierno, mientras que una proclama es una declaración pública que comunica una decisión significativa. El documento de San Ricardo cumple con la definición de proclama, pues se centraba en hacer un llamado a la nación para rebelarse contra el régimen imperante, sin trazar un esquema detallado de gobierno.
No obstante, el nombre "Plan de San Ricardo" se ha consolidado durante décadas en libros, conferencias y estudios, lo que refleja la fuerza de la tradición histórica frente a la precisión técnica. En consecuencia, algunos investigadores sugieren aceptar ambos términos: la tradición mantiene la palabra “plan” y la interpretación jurídica propone “proclama” como la denominación más adecuada.
Independientemente del término que se utilice, lo esencial es reconocer que aquella noche, trece hombres reunidos en un rancho de Veracruz manifestaron con firmeza su oposición al régimen porfirista. Su acto quedó inscrito como uno de los momentos clave en el movimiento que buscaba restaurar la justicia y la democracia en México.

