La contundente victoria del PRI en las recientes elecciones para diputados locales en Coahuila no fue un resultado fortuito, sino la consecuencia de una serie de factores relacionados con la gestión y las estrategias políticas de los actores involucrados.

Uno de los puntos principales es la percepción favorable que la ciudadanía tiene sobre el gobierno estatal encabezado por Manolo Jiménez, reflejada en evaluaciones positivas. Aunque Coahuila enfrenta problemas, la población reconoce que las autoridades trabajan en su solución, lo que contribuyó al apoyo a su partido.

Además, el control político directo que ejerce el gobernador como jefe político estatal ha sido fundamental. La ausencia de intermediarios nacionales permitió una operación más cohesionada de las estructuras político-gubernamentales, evitando obstáculos que suelen presentarse desde la dirigencia nacional, un factor clave que contrasts con la fragmentación dentro de Morena.

Precisamente, Morena en Coahuila sufrió rupturas internas evidentes entre grupos rivales liderados por la senadora Cecilia Guadiana y el diputado local Antonio Anttolini, ambos aspirantes a la candidatura para gobernador. Estas diferencias, publicitadas y prolongadas, afectaron la unidad necesaria para impulsar una campaña sólida, pese a posteriores intentos de conciliación.

Otra causa importante fue la gestión electoral de Andrés Manuel López Beltrán, exsecretario general del Comité Ejecutivo Nacional de Morena en la entidad, cuya renuncia no eximió su responsabilidad. La falta de cohesión y una estrategia clara para movilizar el voto contribuyó a la derrota de Morena.

En contraste, la respuesta del PRI tras la elección mostró un excesivo optimismo al anunciar el triunfo como un presagio favorable para las elecciones nacionales futuras, una interpretación que expertos consideran equivocada dada la singularidad del contexto político en Coahuila en comparación con el resto del país.

Finalmente, el desempeño del PAN, Movimiento Ciudadano y Partido Verde también fue insuficiente para competir con los dos grandes partidos. Estos partidos se concentraron en construir narrativas principalmente en redes sociales, descuidando el trabajo territorial esencial para captar votos. Como consecuencia, ninguno logró alcanzar el umbral mínimo de votación para considerarse fuerza representativa, con el Partido Verde obteniendo menos del 3 por ciento de votos y el PAN aún menos.