Bill Gates admitió ante el Congreso estadounidense que se arrepiente de haber mantenido algún vínculo con Jeffrey Epstein, el financiero acusado de delitos sexuales. El magnate aseguró que nunca debió encontrarse con Epstein y puntualizó que su relación fue limitada y sin visitas a los lugares controvertidos vinculados al imputado.

Gates reveló que conoció a Epstein por primera vez en 2011, después de que este cumpliera cargos penales, y que su interacción se centró en conversaciones sobre filantropía y posibles colaboraciones. Sin embargo, insistió en que jamás visitó la isla privada o el rancho que Epstein utilizaba para sus actividades ilícitas, donde se cometieron abusos contra menores.

La declaración del multimillonario se produce en medio de una serie de investigaciones y demandas que persiguen a quienes tuvieron contacto con Epstein, en un esfuerzo por esclarecer la red de facilitadores que permitió la operación del financista. Víctimas de Epstein han demandado a diversas entidades, reclamando justicia y exigiendo que se revelen los nombres de personas involucradas en el escándalo.

Este caso ha tensionado a figuras públicas que reconocen un vínculo con Epstein, intentando distanciarse de su imagen y sus crímenes. La postura de Gates contrasta con acusaciones que señalan reuniones más amplias o contactos con intereses oscuros, y ha enfocado su discurso en minimizar el alcance y la naturaleza de esa relación.

En este contexto, el episodio también evidenció la necesidad de mayor escrutinio sobre las conexiones entre poderosos y personas con antecedentes penales relevantes. El rechazo público y la crítica social amplifican la presión sobre quienes mantuvieron cualquier tipo de vínculo con Epstein, a fin de reconocer su responsabilidad y aclarar su participación.