En Albania, miles de personas se movilizaron en la capital y zonas costeras para frenar la construcción de un megaproyecto hotelero promovido por la familia de Ivanka Trump y Jared Kushner. El desarrollo, proyectado para la isla de Sazany y la zona de Zvernec, afecta áreas naturales protegidas donde habitan flamencos rosados y otras especies vulnerables. Los manifestantes utilizaron la imagen de un flamenco rosa como símbolo para exigir la preservación del ecosistema y la retirada de la maquinaria pesada de estos territorios.

Las protestas alcanzaron su punto más alto frente a la oficina del primer ministro Edi Rama, quien defendió el proyecto y llamó a las movilizaciones una forma de guerra híbrida respaldada por países vecinos. La inversión ronda los 4 mil millones de euros y promete generar miles de empleos, aunque la población critica la supuesta opacidad en la negociación entre el Estado y la empresa Affinity Partners, encargada del desarrollo. El descontento no solo está motivado por el impacto ambiental sino también por las dudas sobre la legalidad y transparencia en la venta de tierras, una problemática que resurge tras la privatización en la era postcomunista.

Organizaciones ambientalistas como BirdLife Albania alertaron que el complejo incluiría una ciudad turística con cerca de 10 mil habitaciones, lo que convertiría en irreversibles los daños sobre un ecosistema frágil. Los jóvenes, protagonistas de las protestas, además de exigir la cancelación del proyecto, piden sanciones penales para los políticos implicados en lo que califican de entrega irregular de terrenos nacionales a inversores extranjeros. Este conflicto marca otro revés para Kushner, involucrado en polémicas similares en la región de los Balcanes.