Un grupo de aficionados radicales del Atlético de Madrid protagonizó un episodio de acoso verbal y físico contra una niña mulata y su familia en la entrada del Estadio Metropolitano, debido a que la menor vestía una camiseta del Real Madrid con el nombre de Vinicius Jr. La niña, acompañada por su madre, tía y hermano, fue insultada con expresiones racistas y amenazas de muerte mientras intentaban ingresar al recinto.
Según la denuncia presentada, alrededor de cincuenta personas participaron en los cánticos ofensivos, de las cuales unas ocho o diez insultaron directamente a la menor. Un hombre le dio dos golpes en el brazo y profirió amenazas contundentes que provocaron que la niña temblara y pidiera retirarse inmediatamente. Un periodista presente registró en video los hechos, donde se pueden escuchar silbidos, gritos de exclusión y el uso del «sonido del mono» dirigido a la niña, evidenciando así el clima de hostilidad.
Gracias a estas grabaciones, la familia logró identificar e incluso denunciar a un joven universitario que no tenía antecedentes ni pertenencia a grupos ultras. Él reconoció estar en la escena, pero negó haber insultado o agredido a la niña, asegurando que sus cánticos eran contra el Real Madrid y que tiene amigos negros. Sin embargo, el juez a cargo decidió archivar el caso por falta de pruebas suficientes para demostrar la responsabilidad del acusado, pese a la gravedad de los hechos denunciados.
Esta resolución no es inédita, ya que anteriormente la causa también fue cerrada y reabierta por la Audiencia de Madrid a solicitud de la familia, que busca justicia ante lo que consideran un delito de odio y amenazas racistas. En el último auto, el juez reconoce la posible existencia de delitos, pero mantiene la falta de evidencia para proceder penalmente.
El episodio refleja la dificultad para sancionar actos de violencia y racismo en eventos deportivos, donde la presión social y la organización de grupos ultras complican la investigación y el acceso a la justicia para las víctimas.

