La protesta de comuneros purépechas en Santa María Sevina escaló hasta tomar la sede del poder ejecutivo estatal en Michoacán, conocida como Casa Michoacán. Armados con palos, los manifestantes bloquearon el periférico y forzaron la entrada principal del complejo gubernamental, en demanda de respuestas efectivas ante el aumento de la violencia en su territorio.

El detonante de la movilización fue el asesinato reciente de dos guardias comunales, conocidos como kuarichas, quienes vigilaban la seguridad en su comunidad. Además, un tercer vigilante resultó gravemente herido en un ataque atribuido, según los pobladores, a un grupo criminal ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que busca el control sobre la zona.

El enfrentamiento entre los comuneros y las fuerzas antimotines se tornó violento durante varios minutos, con lanzamientos de piedras, gas lacrimógeno por parte del gobierno y el uso de balas de goma para repeler a los manifestantes. Aunque hubo personas lesionadas, no se reportaron daños graves.

Los habitantes de Sevina denuncian que, a pesar de la presencia estatal y federal permanente, la inseguridad persiste y las intervenciones gubernamentales son solo operativos temporales que no atacan las causas profundas del conflicto. Reivindican años de defensa artesanal de su territorio frente al crimen organizado y las consecuencias en sus familias, con huérfanos y viudas que reflejan la violencia latente.

Tras el choque, representantes indígenas y autoridades estatales establecieron un diálogo para analizar las demandas. Se acordó que la Fiscalía presentará avances concretos en las investigaciones sobre los asesinatos a más tardar el día siguiente al enfrentamiento.

Mientras tanto, Casa Michoacán permanece bajo vigilancia reforzada, y la tensión en la región, especialmente en Nahuatzen, continúa. Los comuneros no descartan repetir las protestas si no observan cambios efectivos en la seguridad de sus comunidades.