Las disputas internas dentro de MORENA han escalado hasta generar un ambiente de confrontación abierta entre sus principales figuras en el estado. A pesar de los esfuerzos por mantener una imagen de unidad, la realidad muestra un choque entre grupos que buscan asegurarse una posición en la próxima contienda electoral. Los líderes del partido no logran controlar esta dinámica, mientras algunos ya reciben señales de estar entre los favoritos para las próximas candidaturas.
En medio de esta crisis, hay acusaciones de que miembros del partido en el poder orquestan campañas de desprestigio contra quienes no son considerados en las decisiones clave. Un caso emblemático es el del diputado con doble militancia, quien se dedica a desacreditar a colegas dentro del mismo bloque, específicamente contra una diputada que goza de simpatía popular en Reynosa. Mientras él niega responsabilidad, su imagen pública se complica por vínculos familiares que generan cuestionamientos éticos y políticas que parecen contradecir los intereses de MORENA.
Simultáneamente, se observa un marcado distanciamiento entre la cúpula política estatal y la presidenta del Supremo Tribunal de Justicia, quien hasta hace poco era una figura muy valorada y cercana al poder. Este alejamiento progresivo se ha traducido en omisiones protocolarias y la exclusión de actos oficiales y no oficiales, reflejo de una ruptura que preocupa por sus posibles implicaciones institucionales.
Entre las causas que explican esta separación destacan las acusaciones que involucran a la funcionaria en actos ilegales, así como a su esposo, un subsecretario gubernamental. Estas denuncias contribuyen a que la relación entre la judicatura y el gobierno estatal se haya enfriado de manera significativa.
Además, en el ámbito legislativo, algunos diputados consideran que aún sin una influencia consolidada han logrado posicionarse como merecedores de candidaturas, lo que añade otra capa de tensión a la dinámica interna del partido.

