El Estadio Corregidora de Querétaro recibió a importantes selecciones durante el Mundial de México 1986, consolidándose como una subsede fundamental del torneo. Construido con un diseño moderno y adecuado a normas internacionales, el estadio fue proyectado y dirigido por el arquitecto local Luis Alfonso Fernández Siurob, quien contó con el apoyo del entonces secretario de Obras Públicas, Gustavo Welsh Castillo.

El proyecto fue impulsado por el exgobernador Rafael Camacho Guzmán y se inauguró en 1985, apenas un año antes del evento mundialista. Pese a la complejidad de la obra, el estadio cumplió las estrictas exigencias de seguridad y funcionalidad que la FIFA demandó, lo que permitió recibir a selecciones como Alemania, España y Dinamarca. La expectativa era alta y se organizó una visita guiada y conferencia de prensa para corresponsales internacionales a fin de mostrar las instalaciones.

Una anécdota que refleja la personalidad de Camacho Guzmán tuvo lugar durante esa visita: ante una pregunta técnica sobre el número de puertas del estadio, el secretario Welsh intentó detallar las gestiones realizadas para cumplir la normatividad, pero el gobernador intervino pidiendo una respuesta concreta y sencilla, dejando claro que no era necesario dar tantas vueltas.

La identidad del estadio también generó debate. A pesar de un concurso con premio en efectivo para nombrar al inmueble, en el que ganó “Andamaxei” —palabra otomí que significa “el gran juego de pelota”— Camacho Guzmán decidió finalmente nombrarlo “Corregidora”. La imposición del nombre, en homenaje a la heroína insurgente Josefa Ortiz de Domínguez, se mantiene hasta hoy como símbolo local.

Además de ser escenario deportivo, el Corregidora posee un valor histórico y cultural para los queretanos, que hoy lo reconocen no solo por el Mundial de 1986 sino también como punto de encuentros sociales y actividades relevantes, incluida la reciente transmisión del Mundial 2026 y conciertos emblemáticos.