Tras la toma temporal de las instalaciones y el paro de actividades convocado por un grupo de estudiantes de la Asamblea Estudiantil en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), el intento de diálogo entre autoridades y comunidad estudiantil enfrentó obstáculos derivados de la desinformación y la poca participación estudiantil.
La primera mesa de diálogo, que se desarrolló la noche de la toma, concluyó con el compromiso de continuar las conversaciones al día siguiente en la explanada principal de la facultad. Sin embargo, el encuentro posterior evidenció una fuerte desconexión: la Asamblea Estudiantil que originó el paro no lideró la sesión, y gran parte del alumnado desconocía tanto la toma como la misma convocatoria para dialogar. La reunión fue encabezada principalmente por la directora del plantel, Sandra Ochoa Díaz, y por una representante de la Consejería Jurídica Universitaria, Evangelina Sales Sánchez, que mantuvieron un diálogo con escasa intervención de los estudiantes presentes.
El ambiente durante la reunión se destacó por el silencio de los asistentes, muchos de los cuales calificaron la convocatoria como un discurso oficial más que como un foro abierto para el diálogo. Al abrirse el micrófono para que los alumnos expresaran sus demandas, éstos prefirieron mantenerse al margen, limitándose a escuchar. Esta reacción reflejó cierto desinterés o quizás incertidumbre sobre el proceso y las intenciones detrás de la convocatoria.
Durante el evento, la directora Ochoa Díaz calificó la toma como un «intento» y negó que representara un paro que impactara negativamente el inicio del semestre. Pese a esto, el clima de expectativa persistió, con estudiantes pendientes de nuevas definiciones y acontecimientos.
Las autoridades anunciaron que la finalidad de este proceso de diálogo es aclarar públicamente las circunstancias en torno a la Facultad de Economía y generar un espacio de comunicación transparente entre la comunidad universitaria, que actualmente se encuentra sumida en la incertidumbre debido a la falta de información clara sobre los hechos recientes.
La situación pone en relieve un problema recurrente en las universidades: la dificultad para establecer canales efectivos de comunicación entre estudiantes organizados en diversas asambleas o colectivos y las autoridades institucionales. La ausencia de líderes visibles en estos encuentros y la falta de difusión adecuada sobre las acciones y respuestas oficiales generan brechas en la convivencia y el entendimiento mutuo, complicando la resolución pacífica de conflictos internos.

