En pleno arranque del Mundial, las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en el Centro Histórico de la Ciudad de México recibieron apoyo de grupos extranjeros, generando una división entre quienes respaldan sus demandas y los vecinos que lamentan las molestias provocadas. Mientras miles de aficionados disfrutaban las festividades futbolísticas, el campamento y las movilizaciones de la CNTE mantenían bloqueos y puntos de manifestación que afectaron la movilidad y la rutina local.
El respaldo internacional se materializó con presencia de activistas y visitantes extranjeros que se sumaron a las protestas, alentando las causas de la CNTE. Sin embargo, la población local expresó su descontento por el impacto en el comercio, el transporte y la vida cotidiana, especialmente durante un evento de tanta afluencia como la inauguración del Mundial. Esta tensión muestra el contraste entre la solidaridad global hacia movimientos sociales y la percepción local del orden público.
Las manifestaciones se extendieron a otras ciudades, incluyendo Zacatecas, Cuernavaca y Tijuana, donde docentes y colectivos participaron en marchas y actos de protesta vinculados al magisterio. Al mismo tiempo, colectivos de búsqueda aprovecharon la atención mediática y la concentración de público en eventos como el Fan Fest para visibilizar a personas desaparecidas, insertando una agenda de derechos humanos al contexto futbolístico.
En paralelo, cientos de miles de personas se congregaron frente a pantallas gigantes en la capital para presenciar la inauguración del Mundial, mientras eventos oficiales y actividades otorgaron boletos para partidos a ganadores de concursos, reflejando la expectativa a nivel nacional por el torneo. La gobernabilidad y la seguridad fueron puntos clave para las autoridades, que desplegaron un operativo conjunto para garantizar el orden durante las festividades.

