En Peto, la preocupación ciudadana por la inseguridad y la ausencia de servicios básicos como el alumbrado público se ha transformado en un estado de miedo permanente. Vecinos aseguran que las autoridades municipales, lideradas por el alcalde Emerio Calderón Góngora, no solo no han atendido sus demandas, sino que presuntamente han recurrido a prácticas de intimidación para silenciar a quienes reclaman.

Habitantes de distintas zonas del municipio reportan que las solicitudes para poner lámparas en calles céntricas llevan años sin respuesta, a pesar de ser áreas vulnerables que incrementan los riesgos al transitar. Mientras en algunas comunidades alejadas sí se realizan trabajos, en las principales avenidas y alrededores del centro persiste una ausencia notable de iluminación pública, lo que aumenta la sensación de inseguridad.

Sumado a esto, varios testimonios apuntan a abusos por parte de la policía municipal. Uno de los residentes relató un episodio donde agentes habrían empleado su patrulla para amedrentarlo mientras caminaba acompañado por menores. La queja más común es que la reacción policial ante llamados por disturbios, consumo de alcohol en la vía pública y otros hechos delictivos resulta tardía o inexistente, generando frustración y desconfianza.

La tensión social se agrava debido a declaraciones atribuidas al alcalde Calderón, quien habría declarado que nadie se atreve a faltarle el respeto, algo que para la población refleja una práctica de intimidación más que un liderazgo basado en el respeto. Los vecinos aseguran que quienes intentan denunciar son censurados o dejan de recibir atención, lo que alimenta un clima de silencio y presión.

Frente a esta situación, la comunidad exige que instancias estatales y organismos defensores de derechos humanos intervengan para garantizar un ambiente seguro y respetuoso, y para que se resuelvan las demandas más urgentes, entre ellas la instalación de alumbrado público y una labor policial más eficaz y transparente.