El confinamiento provocado por la pandemia de covid-19 ha obligado a miles de niños a trasladar su educación desde las aulas hacia la pantalla de una computadora o tableta. Este cambio ha incrementado de forma considerable el tiempo que pasan frente a dispositivos electrónicos, lo que genera preocupación sobre los impactos en su desarrollo físico y cognitivo.
Las autoridades y diversas asociaciones especializadas insisten en limitar el tiempo que los niños y adolescentes destinan a pantallas, aunque reconocen que durante la emergencia sanitaria esta recomendación puede ser difícil de cumplir. Padres y maestros buscan equilibrar las necesidades educativas y laborales con el bienestar de los menores, en un contexto donde las actividades digitales dominan el día a día.
Un aspecto clave en este escenario es la supervisión del contenido al que acceden los niños. Es fundamental asegurar que lo que consultan en línea sea adecuado y seguro, vigilando las páginas y aplicaciones que utilizan. Además, se recomienda fomentar espacios de interacción familiar que no involucren pantallas, como juegos de mesa o reuniones cortas, para fortalecer los lazos y ofrecer alternativas recreativas saludables.
En paralelo, es importante que los adultos guíen a los menores hacia una comprensión crítica de la información que reciben a través de dispositivos. Esto incluye ayudarles a reflexionar sobre lo que ven, cómo se sienten y qué mensajes están recibiendo, para desarrollar habilidades analíticas que permitan discernir contenidos útiles de aquellos que no lo son.
Otro punto esencial radica en la higiene del sueño. La exposición a las pantallas afecta la calidad del descanso, un problema agravado en niños que están en etapas sensibles del desarrollo. Se recomienda limitar el uso de dispositivos electrónicos al menos una hora antes de acostarse y mantener el dormitorio libre de pantallas para facilitar un sueño reparador.

