El reciente estudio sobre los esqueletos decapitados encontrados en Vráble, al suroeste de Eslovaquia, descarta la hipótesis inicial de una masacre violenta. Los restos, que datan de hace aproximadamente 7.000 años, corresponden a un ritual funerario dentro de un contexto social neolítico.

Los investigadores, liderados por el profesor Martin Furholt de la Universidad de Kiel, basaron sus conclusiones en el análisis detallado de 77 esqueletos sin cráneo encontrados en zanjas delimitando el asentamiento. Solo un esqueleto, el de un niño, conservó la cabeza intacta, lo que subraya la intencionalidad y regularidad de esta práctica.

El yacimiento de Vráble-Veľke Lehemby pertenece a la cultura de la cerámica lineal (LBK), reconocida por ser la primera población agrícola y ganadera que se extendió por Europa Central durante el Neolítico. En este lugar se excavaron más de 300 casas distribuidas en tres barrios, con hasta 80 viviendas habitadas simultáneamente en su apogeo.

Las zanjas donde aparecieron los cuerpos, marcando los límites del asentamiento, funcionaron como espacios de enterramiento con una significación ritual. Según los análisis óseos, la remoción de cráneos parece responder a prácticas sociales complejas que reforzaban vínculos tanto locales como suprarregionales, alejando la interpretación de violencia o crisis.

Este hallazgo representa un aporte significativo para la comprensión de los rituales funerarios neolíticos, pues es la primera vez que se documenta en tal cantidad y con tal sistematicidad la separación intencionada de cráneos en un mismo poblado. Los expertos coinciden en que estas prácticas formaban parte de un entramado simbólico y social que organizaba las relaciones dentro de la comunidad LBK.