La precandidata de Morena, Julieta Ramírez, aumentó su presencia en la colonia Ampliación Plan Libertador, un barrio con fuerte arraigo panista, donde su campaña enfrentó no solo el escepticismo de los vecinos sino también un ambiente tenso por el abandono que sufren. La estrategia de sus brigadas consistió en saturar las calles con panfletos, acompañada por un mecanismo riguroso de verificación que condiciona el pago de sus trabajadores a la presentación inmediata de fotografías o videos como prueba de entrega.
Esta modalidad de trabajo, donde parejas armadas con publicidad y cámaras recorren el área, revela la preocupación de la campaña por justificar cada gasto y garantizar que la propaganda llegue efectivamente a los hogares. La presencia de estas “hordas”, como algunos vecinos las denominan, ocurrió en un contexto de rechazo y recuerdo amargo hacia las figuras morenistas que en el pasado gobernaron la zona sin atender sus demandas.
Los habitantes de Ampliación Plan Libertador recuerdan la falta de respuesta de autoridades locales vinculadas a Morena, lo que ha generado resentimiento y distancia política. Entre las figuras mencionadas están quienes ocuparon cargos destacados en Rosarito, cuya gestión se percibió como ausente. Así, la constante distribución de folletos con promesas del proyecto morenista no fue bien recibida, y quedó catalogada como un intento de “imponer sueños” a una comunidad mayoritariamente blanquiazul.
El despliegue sembró dudas sobre la efectividad de esta estrategia en un territorio electoral complejo, donde la tradición política parece estar muy arraigada. Más allá del volumen de propaganda, la operación se presenta como un gasto intensivo de recursos, acompañado de controles estrictos para asegurar la documentación fotográfica de cada entrega.

