El principal obstáculo en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán radica en la exigencia iraní de liberar USD 24 000 millones de fondos congelados, divididos en dos etapas, una al momento de firmar cualquier acuerdo y otra posterior. Esta propuesta genera cautela en la Casa Blanca, que teme perder una herramienta de presión fundamental contra Irán.

En paralelo, Irán condiciona un posible acuerdo a la finalización del conflicto en el sur del Líbano, exigiendo la retirada de las fuerzas israelíes de esa región. El respaldo de Teherán a Hezbollah, actor clave en el escenario libanés, complica el panorama, ya que el grupo rechazó el reciente pacto mediado por Estados Unidos e Israel, que no contempla la retirada de tropas israelíes.

El ministro de Relaciones Exteriores iraní declaró que la guerra solo podrá terminar cuando también finalice el conflicto en el Líbano, bajo la condición de que Israel abandone el territorio ocupado. Desde la parte israelí, se descarta esta posibilidad, aumentando la tensión en la región y con Estados Unidos. Además, un asesor del líder supremo iraní reiteró el compromiso del país con Hezbollah y advirtió a Israel sobre posibles represalias si continúa la ofensiva contra Beirut.

En el ámbito libanés, la posición oficial se divide. El presidente del Parlamento señaló que Hezbollah podría retirarse del sur si Israel hace lo propio, mientras que el presidente libanés acusó a Irán de utilizar el Líbano como moneda de cambio en las negociaciones, calificando esta práctica de inaceptable.

Las negociaciones, iniciadas tras ataques de Estados Unidos e Israel en febrero, llevan semanas estancadas a pesar del intercambio discreto de borradores a través de mediadores. Desde Teherán, la responsabilidad para desbloquear el diálogo recae en la administración estadounidense actual.