La relación entre la frecuencia de la eyaculación y la prevención del cáncer de próstata ha generado interés y polémica. Un trabajo publicado en el American Journal of Clinical Oncology sugiere que eyacular regularmente podría reducir el riesgo de desarrollar este tumor, el más común entre los hombres.
Sin embargo, especialistas como el doctor Fernando Gómez Sancha insisten en la importancia de no caer en interpretaciones erróneas ni confiar exclusivamente en información de internet, ya que la desinformación puede causar demora en consultar con profesionales, miedo a tratamientos o malinterpretación de pruebas como el PSA (antígeno prostático específico).
El cáncer de próstata puede ser asintomático en sus etapas iniciales, por lo que esperar a presentar síntomas no es una forma segura para descartarlo. Los problemas urinarios, a menudo asociados a enfermedades benignas como la hiperplasia benigna de próstata, no siempre indican cáncer. Es fundamental valorar el riesgo con pruebas apropiadas y seguimiento médico.
Un PSA elevado no significa automáticamente que exista cáncer; puede deberse a diversas causas benignas. Por ello, antes de avanzar a análisis invasivos, se recomienda repetir la prueba y valorarla junto con otros factores como la edad y el volumen prostático. Además, el tacto rectal, aunque sigue siendo útil para complementar el diagnóstico, no es suficiente para confirmar o descartar la enfermedad por sí solo.
Entre los mitos más recurrentes se encuentran la creencia de que todos los cánceres de próstata deben operarse o recibir el mismo tratamiento, cuando en realidad el abordaje varía según el tipo, etapa y características individuales del paciente.
La aceptación social y los tabúes alrededor de esta enfermedad también influyen en la percepción y actitud del público, dificultando en ocasiones la consulta oportuna y el seguimiento adecuado.
Este conjunto de factores evidencia que, pese a que mantener una vida sexual activa podría tener beneficios relacionados con la próstata, el diagnóstico y manejo del cáncer depende de un examen cuidadoso, acompañado de asesoría profesional rigurosa para evitar decisiones basadas en información incompleta o incorrecta.

