La autopista México-Puebla vivió una jornada de caos el martes. Durante el día se registró un intercambio de balazos que quemó dos trailers, presuntamente vinculado a un conflicto sindical. Horas después, cuando el tránsito se normalizaba, nuevas alertas circularon en redes sociales: pobladores habían instalado un bloqueo a la altura de San Martín, con llantas encendidas y personas apostadas en medio de la carretera.

Los automovilistas que no lograron evitar la obstrucción quedaron atrapados durante la madrugada. Transportistas, productores, turistas, estudiantes y trabajadores pasaron las primeras horas del miércoles sin poder avanzar, bajo oscuridad y sin presencia visible de autoridades. Los primeros reportes mostraban conductores dando vueltas en U y circulando en sentido contrario, intentando escapar.

La situación ocurre nueve meses después de que las autoridades federales presentaran en julio de 2025 la estrategia "Cero Robos" en esa ruta. Sin embargo, el cierre de carretera expone una brecha: mientras el plan se enfocó en delitos como asaltos y secuestros, no contempló otros riesgos que enfrentan quienes transitan la autopista, como los bloqueos que grupos de pobladores organizan para presionar demandas.

La circulación se normalizó pasadas las primeras horas de la madrugada, pero el episodio vuelve a evidenciar la vulnerabilidad de los viajeros en una ruta crítica. Aunque los enfrentamientos de ayer no dejaron víctimas colaterales, la zozobra de quedar varado sin respuesta estatal replanteó debates sobre cómo se ejerce el derecho a la protesta sin comprometer la seguridad y libertad de circulación de miles de personas.