Luis Robert ingresó a la lista de lesionados de los Mets en 2026, en circunstancias que pocas veces sorprenden a quienes siguen su carrera. El jardinero central llega a Nueva York con un pasivo de 289 partidos perdidos en cinco temporadas con Chicago, un registro que los Mets conocían antes de firmar al jugador y que ahora comienza a repetirse con uniforme azul.
Entre 2021 y 2025, Robert disputó apenas una fracción de los partidos posibles. Las lesiones en la cadera, problemas en la muñeca y distintas bajas a lo largo del año lo mantuvieron fuera del campo más tiempo de lo que estuvo adentro. A pesar de este historial, Nueva York decidió apostar por él para 2026, confiando en que un cambio de escenario pudiera revertir el patrón.
El talento de Robert no está en cuestionamiento. Cuando se encuentra sano, es uno de los mejores jardineros centrales de la liga: posee velocidad, brazo de calidad y poder ofensivo. El problema es que la condición "cuando está sano" se ha vuelto cada vez más escurridiza. Para un equipo que viene construyendo un roster con presión real de competir en 2026, depender de un jugador cuya disponibilidad es impredecible representa un riesgo considerable.
Los White Sox aprendieron esta lección a lo largo de cinco temporadas, ajustando expectativas y calendarios alrededor de la disponibilidad de Robert. Los Mets están comenzando el mismo aprendizaje, pero en un contexto más urgente. Cada baja en el plantel no es un número abstracto: es un hueco en la alineación que alguien debe cubrir, y cubrir el del Robert en su mejor forma no es tarea simple.
Mientras Robert recuperarse de su lesión, Nueva York tendrá que reorganizar su defensa en el jardín central y buscar respuestas rápidas si pretende mantenerse en la pelea de la División Este. El jugador sigue siendo alguien al que vale la pena esperar por el talento bruto que posee, pero 2026 se suma a una lista creciente de temporadas donde la promesa comenzó en el papel y terminó en el parte médico.

