La selección de Países Bajos arrancó su concentración para el Mundial 2026 en Kansas City, donde se instaló en un campamento base dispuesto a honrar la tradición naranja y el legado que aún no logra coronar con un título mundial. El ambiente, marcado por un calor intenso, no desvió la atención del equipo, que se prepara para enfrentar a Japón en su partido inicial con el objetivo de avanzar más allá que en ediciones anteriores.
En el camino hacia el torneo, el equipo se posiciona como uno de los favoritos a pesar de cargar con la presión de ser la única selección que ha disputado tres finales de Copa del Mundo sin coronarse campeona. Las marcas visibles en el recorrido hacia el centro de entrenamiento recuerdan que, aunque considerados un grande del fútbol, los neerlandeses aún buscan su primera copa.
Este grupo, capitaneado por Virgil van Dijk, que disputa su segunda Copa del Mundo, mantiene el foco en cada partido desde el comienzo. Van Dijk reconoció la dificultad del torneo, pero resaltó el compromiso total del equipo para dar lo mejor en la fase de grupos, sin anticipar resultados más allá del primer duelo. El defensor es pieza clave para un equipo que cuenta con la ambición de superar las barreras del pasado y alcanzar instancias decisivas.
El legado histórico del equipo remite a las finales perdidas en 1974, 1978 y 2010, en las que la "Naranja Mecánica" estuvo cerca del título pero terminó cayendo ante anfitriones y grandes figuras del fútbol mundial. Después de su ausencia en 2018 y un regreso sólido en 2022, Países Bajos quiere consolidarse en esta Copa y evitar el papel de promesa incumplida.
En este Mundial, el simbolismo se hace presente incluso en el nombre temporal de la calle que lleva al centro de entrenamiento, «Oranje Rising Way», en homenaje a los colores del equipo, reemplazando el original que evocaba la liga local de fútbol femenino. Este gesto representa la expectativa y deseo de un país que sueña con levantar la copa por primera vez.

