En Florida, un estado rodeado de cuerpos de agua, el riesgo de ahogamiento entre niños con autismo es alarmante. Por eso, profesoras de la Universidad Internacional de Florida (FIU) diseñaron un programa especializado que adapta la enseñanza de la natación a las necesidades específicas de estos niños, con resultados prometedores.
Este método fue creado por Tania Santiago Pérez, originaria de Veracruz, y Tana Carson, quienes evidenciaron que los niños con autismo tienen una probabilidad mucho mayor de ahogarse debido a la falta de instructores capacitados. Su investigación, publicada en la revista Frontiers in Rehabilitation Sciences, mostró una mejora significativa en las habilidades natatorias de más de la mitad de los participantes tras apenas cinco días de clases.
El programa piloto, que ya se encuentra en su segundo año, ha beneficiado a 12 niños con autismo y ha involucrado a estudiantes en terapia recreativa para ampliar el cuerpo de instructores especializados. En Florida, donde las piscinas, lagos, playas y océanos están al alcance, la necesidad de este tipo de enseñanza es especialmente crítica.
Las clases combinan técnicas de rehabilitación física, terapia recreativa y ocupacional, integrando actividades lúdicas, señales visuales y estrategias individualizadas que facilitan el aprendizaje. Estas herramientas buscan responder a los retos específicos que presentan los niños con autismo, como la tendencia a deambular y la necesidad de estructuras claras en la enseñanza.
El proyecto también apunta a formar una nueva generación de instructores calificados, debido a la escasez de profesionales capacitados para atender a esta población vulnerable. La iniciativa busca convertirse en una medida de salud pública para prevenir accidentes, lesiones graves y muertes evitables por ahogamiento en este grupo con mayor riesgo.

