La central nuclear de Almaraz, que aporta alrededor del 7% de la electricidad nacional, está en el centro de un debate con impacto directo en la economía y la vida de la región de Extremadura. Mientras el gobierno mantiene la fecha de cierre para 2028, los accionistas intentan posponer la clausura, lo que ha generado inquietud entre los residentes y empleados que dependen de la planta.

Con una plantilla fija de unos 800 trabajadores y cientos más contratados temporalmente para las operaciones de recarga de combustible, la planta es una fuente clave de empleo y salarios en un área con pocas alternativas económicas. Durante estas recargas, algunos empleados alcanzan ingresos mensuales elevados, imprescindibles para mantener el nivel de vida local. Un cierre anticipado implicaría la pérdida de estos trabajos y pondría en riesgo la economía de hasta 4.000 empleos directos e indirectos vinculados al funcionamiento de la central y sus proveedores.

El pueblo de Almaraz, con apenas 1.500 habitantes, depende en gran medida del flujo económico que genera la planta. Un restaurante local, abierto desde la apertura de la central en la década de 1980, reduce considerablemente su clientela en períodos sin actividad. Su actual propietario advierte que la desaparición del personal ligado a la planta convertiría a la zona en un “desierto”, obligando a recortar personal y afectar los servicios de la localidad.

En 2025 se formó el colectivo "Sí a Almaraz, Sí al futuro", que reúne a empleados de la central y autoridades locales preocupados por la posibilidad de decrecimiento demográfico y económico. El alcalde de un municipio cercano ha alertado que muchas comunidades podrían extinguirse si la central cierra, considerando que representa un porcentaje significativo del producto regional.

Desde el punto de vista técnico, la planta alcanzó la máxima calificación internacional en seguridad nuclear otorgada por WANO, lo que respalda la capacidad de operación segura para varios años más. La jefa de la oficina técnica de operación enfatizó la importancia de la energía nuclear para mantener un equilibrio en los costos y la estabilidad del sistema eléctrico, en un contexto global marcado por inestabilidades geopolíticas y crisis en los suministros energéticos.