El capitalismo global ha llegado a una fase en la que ya no puede sostenerse únicamente a través de la concentración de riqueza en pocas manos, lo que ha dado paso a un sistema imperialista basado en la explotación de otras naciones para su supervivencia. Esta situación obliga a la comunidad internacional, y en particular a México, a enfrentar con claridad un contexto donde la política exterior y sus intereses económicos están moldeados por monopolios globales y el Estado que los respalda.
En este escenario, cualquier acción del gobierno estadounidense, sin importar la administración que ocupe la Casa Blanca, se entiende como parte de una estrategia que busca controlar recursos vitales mediante intervenciones militares, políticas públicas o golpes de Estado disfrazados. La historia evidencia que estas maniobras no solo buscan beneficios económicos, sino sostener un sistema en declive que no escatima en provocar conflictos para mantenerse vigente.
Para México, reconocer quiénes son los verdaderos enemigos es esencial. Es una tarea clave desenmascarar a los monopolios internacionales y a los actores nacionales que colaboran con ellos, muchos de los cuales están presentes en diversos partidos políticos. La infiltración y el apoyo externo, a menudo a través de organismos como la CIA, buscan influir en las decisiones internas y socavar la autonomía nacional.
Sin embargo, la solución a los problemas internos debe estar en manos de los propios mexicanos. El desafío radica en romper los vínculos entre los actores nacionales que favorecen la agenda imperialista y el Estado extranjero que los respalda. Este proceso es considerado fundamental para consolidar la independencia y avanzar en la transformación política y social que se propone para el país.

