La transición al formato digital del examen de admisión de la UNAM trajo consigo un desafío inesperado: el intento de trampas a través de medios tecnológicos. Más de mil aspirantes fueron bloqueados por presentar comportamientos consideradas irregulares durante la evaluación en línea, indicó la universidad. Este fenómeno refleja la complejidad de garantizar la integridad de un examen remoto en uno de los procesos de selección más competidos del país.

En total, 1,117 candidatos fueron suspendidos al detectarse anomalías durante el examen aplicado entre mayo y junio, lo que representa una fracción mínima del total de más de 107,000 pruebas realizadas. La UNAM implementó protocolos estrictos, incluyendo el uso de un navegador seguro y la obligatoriedad de equipo con cámara y micrófono funcional, para minimizar los riesgos de fraude.

La inteligencia artificial juega un papel clave en la supervisión de la prueba, al monitorear comportamientos sospechosos y emitir alertas cuando se identifican patrones atípicos. Entre los intentos detectados destacan permanecer fuera del campo visual de la cámara, el uso de dispositivos externos o recibir ayuda de terceros, lo que contraviene las normas establecidas.

Este sistema de IA permite registrar evidencias en tiempo real, ayudando a la universidad a blindar el proceso de admisión y preservar su legitimidad. Aunque la modalidad digital facilita la participación desde diferentes regiones y países, también obliga a reforzar mecanismos para impedir que la tecnología se convierta en una ventaja para casos deshonestos.

Para preparar a los candidatos, la UNAM ofreció simuladores obligatorios que permitieron probar y garantizar la funcionalidad de los equipos antes del examen, buscando evitar fallos técnicos. El uso de LockDown Browser, un software diseñado para limitar navegación externa durante la evaluación, es otro de los elementos implementados para asegurar el cumplimiento de la normativa.

Este episodio pone en relieve la necesidad de equilibrio entre accesibilidad y control, al tiempo que plantea interrogantes sobre el futuro de los exámenes en línea y la efectividad de la inteligencia artificial en la detección de fraudes en contextos educativos.