La mayoría de las trabajadoras del hogar mayores de 55 años enfrenta un futuro incierto sin acceso a una pensión contributiva, una realidad que refleja años de precariedad laboral y exclusión del sistema de seguridad social. Según un informe de Oxfam Intermón, más de la mitad de estas mujeres podrían quedar fuera de una jubilación digna, evidenciando profundas desigualdades estructurales en el sector.
Actualmente, más de 158.000 trabajadoras del hogar se aproximan a la edad de retiro sin contar con una pensión suficiente, lo que representa cerca del 30% del total de empleadas en esta actividad. Desde 2012, el número de afiliadas mayores de 55 años se ha duplicado, y las mayores de 65 años se han multiplicado por seis, señalando no solo un envejecimiento del sector, sino también la escasez de alternativas laborales para mujeres, muchas de ellas inmigrantes o pertenecientes a minorías étnicas.
El acceso a la pensión es particularmente desigual: el 14% de las trabajadoras del hogar pueden jubilarse sin recibir prestación alguna, cifra que sube al 25,4% entre las migrantes. Además, el ingreso mensual promedio de estas mujeres ronda los 940 euros, por debajo del salario mínimo, lo que las sitúa cerca del umbral de pobreza. La vivienda se convierte en una carga significativa: casi el 65% vive en alquiler y destina más del 40% de su salario al pago del alojamiento, mientras que el 42% ha tenido que retrasar abonos de alquiler en el último año. A esto se suma la falta de capacidad para hacer frente a gastos imprevistos, situación que afecta al 87% del colectivo.
Las condiciones laborales repercuten también en la salud. Más del 70% de las trabajadoras mayores sufre dolores de espalda y un 65,6% reporta altos niveles de estrés. La necesidad económica impulsa a muchas a continuar trabajando aun enfermas, un reflejo de la ausencia de derechos laborales efectivos en este sector.
Oxfam Intermón insiste en la urgencia de reformas estructurales que reconozcan formalmente las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar, asegurando el acceso a pensiones mínimas suficientes y equiparando sus derechos con los de otros sectores. Estas medidas pretenden frenar el riesgo de pobreza que golpea desproporcionadamente a mujeres que históricamente han sido invisibilizadas y desvalorizadas.
La reivindicación pasa también por transformar la percepción social sobre este trabajo, combatiendo el edadismo y el racismo que persisten. Reconocer la importancia de la labor doméstica es esencial para garantizar una protección social que asegure bienestar y dignidad a quienes sostienen hogares enteros con su trabajo.

