Transformar un área menor a 20 metros cuadrados en un espacio habitable y acogedor es el desafío que resolvió este proyecto contemporáneo, pensado para alquileres de corta estancia. La propuesta combina precisión y creatividad para ofrecer comodidad y durabilidad sin exceder el presupuesto.
El apartamento se ubica en un edificio histórico con techos abovedados, integrándose armónicamente en la restauración arquitectónica del inmueble. El diseño utiliza una mezcla armoniosa de materiales que conectan lo nuevo con lo original: láminas de latón patinado en las áreas comunes dan paso a paneles laminados metálicos color champagne, una opción más accesible que conserva la estética del conjunto.
Además, conviven revestimientos originales y nobles, como pisos de parquet de roble instalados en espiga y baños con travertino natural. Cada material fue seleccionado para cumplir una función específica dentro del diseño, evitando que compitan entre sí y logrando un equilibrio visual elegante.
En cuanto a la distribución interior, cada centímetro se aprovechó para integrar cocina equipada, comedor, dormitorio, almacenamiento y área de entretenimiento en solo 18.3 m². El cabecero de la cama, elevado y diseñado a medida, oculta un armario amplio para las pertenencias de los huéspedes, mientras que el mobiliario sigue la curva de la bóveda para optimizar el espacio sin alterar la arquitectura original.
Este proyecto no es solo una solución funcional para espacios pequeños, sino una muestra clara de cómo el diseño puede armonizar economía, estilo y funcionalidad. En un espacio sorprendentemente reducido se genera un ambiente completo que combina comodidad y sofisticación.

